Como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. El motivo por el que hay que escribir el blog todos los días es que a la vuelta siempre es mal momento para poder escribir. Además los recuerdos se van emborronando y uno no sabe muy bien lo que ha hecho o dejado de hacer alguno de los días del camino. Por fin hoy he tenido ganas, fuerzas y un buen estado de ánimo para poder escribir los dos días que faltaban del blog.
Nos levantamos somnolientos el día 4 de Junio en las afueras de Nantes y nos pusimos a dirigirnos hacia el sur, de vuelta ya a España. El día amaneció con una previsión meteorológica nada alagüeña que nos advertía de un frente desplazándose hacia el norte de Francia lo que haría que el cielo casi despejado que veíamos se convirtiera según fuéramos hacia el sur en algo de lluvia. Salimos de Nantes con dirección hacia el sur, a La Rochelle. Por el camino nos paramos a ver una catedral anunciada por un cartel de la autopista y que divisábamos a lo lejos. En Francia cada monumeto medianamente decente que hay tiene un cartel en la autopista. De esta forma es muy sencillo hacer turismo allí. Coges una autopista y cuando ves un cartel de esos vasa siguiendo las indicaciones. Salimos de la autopista y paramos a ver una catedral de Luçon. La verdad es que salvando la torre no es nada del otro mundo. De hecho el claustro estaba bastante descuidado y algo sucio. Maja y nada más se podría decir. Vimos una boda saliendo de ella. Curiosa costumbre en Francia de que los coches piten todos al salir los novios de la boda y que los sigan pitando todo el rato. Es gente que no toca el claxon en su vida conduciendo salvo para celebrar una boda. Desde allí tratamos de llegar a la costa pero fue imposible. Resulta que en la costa próxima había un campeonato de triatlon y no había más que carreteras cortadas por todos lados. Decidimos seguir hacia La Rochelle y comer por el camino. Paramos a comer un menú en un restaurante. Unas ensaladas, algo de carne a la parrilla y unos postres y seguimos camino.
La Rochelle. La última vez que estuvimos aquí, en una de nuestras pasadas contrareloj, no paramos. Somo así. Llegamos, vimos la salida hacia la Ile de Re y al volver de la isla no paramos. La vista de lo que parecía la ciudad desde la isla no parecía nada alagüeña. Solo se veían almacenes y depósitos de combustible. Pero lasa apariencias engañan. Esta vez entramos hasta el centro de la ciudad. Segun llegamos lo que vemos es mucha gente, comercios abiertos, y un precioso pueblo de casas blancas. La piedra es muy parecida a la de la zona interior próxima a burdeos. Casas de piedra blanda y blanca desgastadas por el paso de los años. Muchas calles peatonales en el centro bulliciosas, llenas de vida y de turismo y calor. Mucho calor. Hemos de decir que estábamos preparados para que lloviera y de momento no solo es que no lloviera, es que hacía un calor de narices con un grado de humedad altísimo. Os puedo comentar que en este viaje hemos llegado a estar a 38ºC en Death Valley y el calor era muchísimo más soportable que los 26ºC de La Rochelle. Aparcamos en zona azul y salimos a caminar. Cogimos algo de bebida (ya no nos quedaba gran cosa en el coche) y nos dimos un paseo hacia el puerto, guardado celosamente por tres torres. Dos vigilaban la entrada del puerto y una tercera hacía de faro. La Rochelle en su día fue un puerto muy rico y se nota aquella prosperidad. Decidimos subir a la primera de las torres para poder tener una bonita vista y una nueva perspectiva. La torre de la margen izquierda tiene una arquitectura curiosa. Uno a simple vista podría suponer que una torre tendría una estancia o dos por planta, pero esta es casi un laberinto de pequeñas habitaciones, recovecos y escaleras empinadas. Sudorosos y agotados por el calor volvemos al coche.
Tras el día de ayer, con el cansancio del avión y el jet lag decidimos coger un hotel normalito de carretera. Pero esta noche hemos decidido darnos un pequeño lujazo y vamos a dormir en un pequeño chateu (más que castillo digamos que es una mansión convertida en hotel) llamado Hôtel L'yeuse, en las afueras de Cognac. La verdad es que nada más llegar el tiempo se puso feo pero no empeoró en nada la experiencia. El sitio es fabuloso, rodeado de jardines cuidados y al más puro estilo francés. Por la tarde me llamaron para preguntarme si deseaba reservar una mesa ya que el restaurante del hotel es prestigioso y las mesas son pocas y se suelen acabar entre los huéspedes. Como de perdidos al río decidimos aceptar y cenar sa noche allí, descansando de los km y del vuelo. Tras acomodarnos y descansar un poco en la habitación nos fuimos a cenar y vaya si cenamos. Nos decidimos por el menú degustación que consistía en tres platos y postre. Que maravilla de sabores y texturas. Todo además envuelto en un comedor palaciego y toda la pompa francesa. Cubertería de plata, camareros que sirven los platos cubiertos y los descubren delante de tí mientras te describen lo que comes. Todo delicadeza y con un distanciamiento entre los camareros (serios y formales) que nos choca al llegar de USA, donde los metres tratan de ser más tus amigos que tus sirvientes. Lo mejor de toda la cena fue el postre sin duda. Primero, como manda la tradición francesa, un carro de quesos donde eliges los que te apetezcan. Después un pre-postre delicado para preparar el paladar. A continuación el postre elegido y para terminar otro carrito donde elgegir un post-postre. En cuaanto acabamos se nos ofreció tomar lasa infusiones en el salón y aceptamos. Nos quedamos casi dos horas conversando en un salón de butacones decorado con estanterías antiguas llenas de muchas botellas de cognac. Que maravilla y que relajados acabamos. Mañana estaríamos en España y ya desaparecería la magia.
El domingo nos levantamos con intención de llegar lo antes posible a Pamplona, para poder ver a Flo y a Carmen. Paramos antes de irnos en cognac, paara ver un poco de pasada el pueblo y hacer alguna compra de regalo. Tras las compras seguimos carretera hasta Pamplona ya sin detenernos a más que a comer un sandwich en un área de descanso. Poco más que contar del día. Estuvimos de cháchara en casa de Flo y Carmen hasta que bajamos a cenar y estuvimos hasta la noche hablando y comentando cosas de la boda y el viaje. Al día siguiente, lunes, nos levantamos con ellos por la mañana y ya nos tuvimos que despedir. Volvímos a casa no sin antes parar en Francia de nuevo a hacer nuestras típicas compras de alimentación francesa y para llevar detalles al trabajo. Parece mucha vuelta pero la carretera del norte desde Pamplona pasa a poco más de 20 Km de la frontera así que merecía la pena. Casi 800 km después llegamos a casa, después de haber recorrido 3800 Km con el Civic y casai otros 5000 Km con el Jeep. Es cuanto tenga un ratito escribiré un post sobre conclusiones del viaje y la cantidad de cosas que nos han fascinado de este. ¡Gracias por leernos!
jueves 16 de junio de 2011
viernes 3 de junio de 2011
Un viaje muy especial, Comienza la vuelta (día 26 y 27)
Día de despedida de los USA. Hoy hay entrada doble porque con el cambio horario hoy hemos pasado de vivir en el día 2 de Junio en USA a vivir en el 3 de Junio en Francia. Nos da bastante pena dejar esta país que nos ha ofrecido tantas cosas. Cuando tenga un rato trataré de hacer un post recopilatorio de impresiones sobre el páis y sobre todos los mitos y detalles que nos han llegado desde las películas y que muchos hemos comprobado que son ciertos o al menos aproximados.
Nos levantamos en San Mateo y al encender la tele nos encontramos con uno de esos tópicos de las películas. en el canal ESPN (de deportes) nos encontramos con la final nacional de gramática emitida en riguroso directo. Eso sí, el nivel de dificultad era abrumadoramente alto. De ahí salimos con el coche a darnos una última vuelta por San Francisco pasando por la calle Castro, famosa por su comunidad homosexual, y por la playa de San Francisco propiamente dicha, que la verdad es que no es gran cosa. De ahí nos fuimos al aereopuerto a dejar el coche de alquiler y coger el avión que nos traería de regreso a Europa.
Del vuelo poco que contar. Un enorme Boeing 747-400 en el que fuimos en el piso de arriba rodeados de niños que dieron un poco la lata hasta que se quedaron dormidos. No hubo demasiadas turbulencias salvo cuando salimos a la bahía de Hudson en Canada. 9:30 minutos de vuelo y 10:30 horas de viaje total. La verdad es que un viaje tan largo acabas hasta el culo, no me quiero imaginar lo que es ir a Japón como íbamos a hacer nosotros y lo que será ir a Australia. Ya nos llegó con este número de horas... Por cierto, Air France muy bien. Serios, formales, pero siempre con una sonrisa. El entretenimiento a bordo malo en cuanto a avideojuegos pero bastante bueno en cuanto a películas. Yo me vi un par de películas y Bea otro tanto y había donde escocger, la verdad.
En fin, que aterrizamos en París de buena mañana, a eso de las 10:30 y a eso de las 11:20 habíamos salido del aeropuerto. 11:20 hora de Francia que para nosotros era como si fuera las 2:20 de la madrugada. En cuanto pasamos la aduana (inexistente \o/ ) cogimos el portatil y reservamos un hotel con piscina en Nantes, a unos 300 Km de París donde haríamos noche hoy. La idea era pasar la tarde en la piscina y tratar de dormir a la hora de aquí. El primer hotel que cogimos fue un chasco porque tenía la piscina cerrada por reformas pero protestamos en serio y nos cancelaron la reserva con lo que pudimos buscar rapidamente otro hotel y en la piscina estamos ahora mismo, con la wifi, escribiendo este post. Hoy no hay fotos porque la cámara está empaquetada pero mañana trataré de hacer alguna en la vuelta. ¡Hasta mañana!
Nos levantamos en San Mateo y al encender la tele nos encontramos con uno de esos tópicos de las películas. en el canal ESPN (de deportes) nos encontramos con la final nacional de gramática emitida en riguroso directo. Eso sí, el nivel de dificultad era abrumadoramente alto. De ahí salimos con el coche a darnos una última vuelta por San Francisco pasando por la calle Castro, famosa por su comunidad homosexual, y por la playa de San Francisco propiamente dicha, que la verdad es que no es gran cosa. De ahí nos fuimos al aereopuerto a dejar el coche de alquiler y coger el avión que nos traería de regreso a Europa.
Del vuelo poco que contar. Un enorme Boeing 747-400 en el que fuimos en el piso de arriba rodeados de niños que dieron un poco la lata hasta que se quedaron dormidos. No hubo demasiadas turbulencias salvo cuando salimos a la bahía de Hudson en Canada. 9:30 minutos de vuelo y 10:30 horas de viaje total. La verdad es que un viaje tan largo acabas hasta el culo, no me quiero imaginar lo que es ir a Japón como íbamos a hacer nosotros y lo que será ir a Australia. Ya nos llegó con este número de horas... Por cierto, Air France muy bien. Serios, formales, pero siempre con una sonrisa. El entretenimiento a bordo malo en cuanto a avideojuegos pero bastante bueno en cuanto a películas. Yo me vi un par de películas y Bea otro tanto y había donde escocger, la verdad.
En fin, que aterrizamos en París de buena mañana, a eso de las 10:30 y a eso de las 11:20 habíamos salido del aeropuerto. 11:20 hora de Francia que para nosotros era como si fuera las 2:20 de la madrugada. En cuanto pasamos la aduana (inexistente \o/ ) cogimos el portatil y reservamos un hotel con piscina en Nantes, a unos 300 Km de París donde haríamos noche hoy. La idea era pasar la tarde en la piscina y tratar de dormir a la hora de aquí. El primer hotel que cogimos fue un chasco porque tenía la piscina cerrada por reformas pero protestamos en serio y nos cancelaron la reserva con lo que pudimos buscar rapidamente otro hotel y en la piscina estamos ahora mismo, con la wifi, escribiendo este post. Hoy no hay fotos porque la cámara está empaquetada pero mañana trataré de hacer alguna en la vuelta. ¡Hasta mañana!
jueves 2 de junio de 2011
Un viaje muy especial, Sillicon Valley (día 25)
Hoy decidimos pasar el día por Sillicon Valley. En San Francisco llovía y en el norte también así que nos quedamos por el valle todo el día. Salimos del hotel algo tarde y muertos de hambre ya que no teníamos desayuno. Decidimos ir a desayunar al centro comercial de Stanford ya que nos quedaba cerca del hotel y contábamos con ir a la universidad a continuación. La primera parada fue en un pinkberry, una tienda de yogurth helado en la que ya habíamos estado en Nueva York. Realmente habría que importar a España lo del yogurth helado, esta buenísimo y casi no tiene grasa. Disfrutamos del yogurth en la terraza aprovechando los rayos de sol que pasaban entre nube y nube. Seguimos camino haciendo alguna compra y viendo escaparates de tiendas. La verdad es que este centro comercial es espectacular. Es muy bonito porque savo un par de grandes almacenes incrustados el resto del centro comercial es al aire libre y los pasillos están llenos de fuentes y flores. Seguimos caminando y llegamos hasta una tienda de cupcakes. Queríamos tomarnos el último antes de irnos del país, así que nos compramos unos pocos y nos sentamos en un banco al sol a comerlos. Salimos poco después hacia la universidad, pero nos acordamos que teníamos que ir a correos a enviar unas cosas así que bajamos hasta el centro de Palo Alto, paramos un segundo en USPS y salimos hacia Stanford.
Stanford está realmente pegado a Palo Alto (habrá algo así como 2 km desde el centro de la ciudad). Aparcamos el coche en el parking de visitantes que está al lado de las pistas de atletismo y nos dedicamos a pasear el campus de un lado a otro. La verdad es que es realmente bonito y opulento. Mención especial a la facultad de historia y a sus soportales y a la plaza que hay detrás de ella. Alucinantes. Hicimos una parada en la facultad de informática, como nó, y volvimos hacia el coche. Paramos a tomar algo en el café del campus que hay cerca de la entrada y nos tomamos un sandwich y un zumo. La cafetería era normal pero el edificio que la rodeaba tenía muchos detalles opulentos. Salimos de allí y nos pusimos a recorrer el valle. Hicimos un recorrido que incluyó, como no, Google, Apple y Facebook. El edificio de Facebook el más decepcionante y he de decir que a las siete de la tarde estaba lleno de gente dentro currando. El de apple tenía hasta tienda. Hice la coña de dar un par de vueltas alrededor del edificio (estar en una calle circular llamada Infinite Loop tiene su coña).
Desde allí nos fuimos ya al hotel cerca de San Mateo. Allí dejamos las cosas y nos fuimos a cenar. Como al final no nos apeteció mucho cenar paramos en un supermercado estupendo llamado Whole Foods y que ya habíamos visto en Nueva York. Es un super mercado lleno de productos ecológicos y saludables. Todo fabuloso (y caro). Con la cesta de la compra llena nos fuimos al hotel a cenar salmón ahumado y quesos californianos. Compramos también el desayuno de mañana.
En fin. Mañana nos vamos del país y nos vamos a llevar un grato recuerdo de él. Hemos vivido muchas cosas estupendas y la verdad es que hemos aprendido el porqué de cosas que no llegábamos a entender de todo. Hoy ya ha sido un día un tanto triste porque veíamos el final ahí, y siempre es jorobado ver el final del camino, sobre todo cuando uno empieza con tantos días por delante que ese final parece que no será nunca. Hemos disfrutado de grandes ciudades y maravillosos espectáculos naturales. Hemos hecho 5000 Km en los 12 días de coche pasando por bosques, montañas, lagos helados y desiertos que en su día fueron impenetrables y sólo hemos empezado a divisar este inmenso país. Mañana estaremos todo el día en el avión. Casi once horas de viaje que nos llevarán de San Francisco a París sin escalas y nos dejará bastante hechos polvo. Salimos de aquí a las 15:30 hora local y llegamos a París a las 11 de la mañana cuando para nosotros serán las dos de la madrugada. ¡A ver que tal el jet lag!
Stanford está realmente pegado a Palo Alto (habrá algo así como 2 km desde el centro de la ciudad). Aparcamos el coche en el parking de visitantes que está al lado de las pistas de atletismo y nos dedicamos a pasear el campus de un lado a otro. La verdad es que es realmente bonito y opulento. Mención especial a la facultad de historia y a sus soportales y a la plaza que hay detrás de ella. Alucinantes. Hicimos una parada en la facultad de informática, como nó, y volvimos hacia el coche. Paramos a tomar algo en el café del campus que hay cerca de la entrada y nos tomamos un sandwich y un zumo. La cafetería era normal pero el edificio que la rodeaba tenía muchos detalles opulentos. Salimos de allí y nos pusimos a recorrer el valle. Hicimos un recorrido que incluyó, como no, Google, Apple y Facebook. El edificio de Facebook el más decepcionante y he de decir que a las siete de la tarde estaba lleno de gente dentro currando. El de apple tenía hasta tienda. Hice la coña de dar un par de vueltas alrededor del edificio (estar en una calle circular llamada Infinite Loop tiene su coña).
Desde allí nos fuimos ya al hotel cerca de San Mateo. Allí dejamos las cosas y nos fuimos a cenar. Como al final no nos apeteció mucho cenar paramos en un supermercado estupendo llamado Whole Foods y que ya habíamos visto en Nueva York. Es un super mercado lleno de productos ecológicos y saludables. Todo fabuloso (y caro). Con la cesta de la compra llena nos fuimos al hotel a cenar salmón ahumado y quesos californianos. Compramos también el desayuno de mañana.
En fin. Mañana nos vamos del país y nos vamos a llevar un grato recuerdo de él. Hemos vivido muchas cosas estupendas y la verdad es que hemos aprendido el porqué de cosas que no llegábamos a entender de todo. Hoy ya ha sido un día un tanto triste porque veíamos el final ahí, y siempre es jorobado ver el final del camino, sobre todo cuando uno empieza con tantos días por delante que ese final parece que no será nunca. Hemos disfrutado de grandes ciudades y maravillosos espectáculos naturales. Hemos hecho 5000 Km en los 12 días de coche pasando por bosques, montañas, lagos helados y desiertos que en su día fueron impenetrables y sólo hemos empezado a divisar este inmenso país. Mañana estaremos todo el día en el avión. Casi once horas de viaje que nos llevarán de San Francisco a París sin escalas y nos dejará bastante hechos polvo. Salimos de aquí a las 15:30 hora local y llegamos a París a las 11 de la mañana cuando para nosotros serán las dos de la madrugada. ¡A ver que tal el jet lag!
miércoles 1 de junio de 2011
Un viaje muy especial, San Francisco y Palo Alto (día 24)
Llueve. Es un fastidio. Salimos del hotel por la mañana dispuestos a dar una vuelta por la zona de Union Square y luego ir hasta Chinatown, la más grande de USA o eso dicen. Salimos del hotel y caía una lluvia fina. Dejamos el coche en el parking y las maletas en recepción y nos dedicamos a pasear. Paramos en un par de tiendas por el camino antes de desayunar una super cookie y un muffin. Desde la zona en la que estábamos subimos (siempre se está subiendo o bajando en San Francisco) hacia Chinatown.
La verdad es que es gigante. Recuerda en muchas cosas a la de Nueva York pero es muchísimo más grande. Caminamos calles y más calles viendo tiendas chinas. De todo tipo. Desde las típicas con tonterías baratas y muchos paraguas en la puerta (compramos uno para resguardarnos), pasando por sitios con auténticas esculturas para tu casa, siguiendo por joyerías carísimas y altamente horteras y acabando por tiendas de alimentación y restaurante. La verdad es que con lo que me gusta la cocina asiática si viviera por aquí cerca sería un asiduo de las tiendas de comestibles chinas. Comida seca, latas, verduras frescas como flor de loto o pak choi asomaban por la calle. Patos colgaban de los restaurantes y decenas de pasteleríaas ofrecían pasteles dulces y salados. Caminamos calles y calles hasta que decidimos dar la vuelta bajando hasta el distrito financiero. Caminamos entre gente trajeada, tiendas caras y tráfico denso entre los rascacielos de San Francisco. Desde allí nos dirigimos hacia Union Square de nuevo pasando por tiendas de moda y alguna que otra tienda rara (había uno de vestidos de gothic lolita al lado de una pastelería japonesa). Volvimos al hotel y cogimos el coche. Era ya la una y media de la tarde.
Con el coche nos dirigimos a una tienda que quería ver, Gamescape. De esas de juegos de tablero que tanto me gustan. Lo malo es que la falta de sitio en la maleta, lo que pesan estas cosas y que muchas de ellas se pueden pedir desde España hacen que salgamos de ella casi con las manos vacías. Volvimos a coger el coche y nos fuimos hacia el Golden Gate Park a coger en unas calles aledañasa unos pasteles chinos para comerlos en el propio parque. Acordaos de esto, en San Francisco hay que llevar cambio encima para el parquímetro o hay sitios donde es imposible parar. Comimos en el parque tras dejar el coche cerca del lago y nos sentamos al lado rodeados de pájaros y patos que estaban a la que caía para ver si daban comido algo. Cuando terminamos nos dirigimos ya hacia Palo Alto.
Tras cuarente minutos de coche dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a ver a mis compañeros de la oficina de aquí. Estuvimos un rato en la oficina de cháchara con el jefe y con la gente que no cocnocíamos antes de irnos a tomar algo con los compañeros que antes estaban en Coruña. Primero nos fuimos a una cervecería que servían cerveza de trigo de fabricación propia y me dejé llevar por la recomendación de Alberto de tomar la de trigo que estaba deliciosa (lo siento David, pero Alberto tiene razón :-)) Acompañamos las bebidas con unas patatas fritasa con ajo, un clásico local. Desde allí nos fuimos a cenar a un local estilo años 50. Una agradable conversación acompañada por sandwiches y hamburguesa y un batido de oreo que compartimos Bea y yo. Al postre como siempre no llegamos... Cansados nos despedimos sin saber si mañana nos volveremos a ver o era ya la despedida hasta vernos en Coruña.
La verdad es que es gigante. Recuerda en muchas cosas a la de Nueva York pero es muchísimo más grande. Caminamos calles y más calles viendo tiendas chinas. De todo tipo. Desde las típicas con tonterías baratas y muchos paraguas en la puerta (compramos uno para resguardarnos), pasando por sitios con auténticas esculturas para tu casa, siguiendo por joyerías carísimas y altamente horteras y acabando por tiendas de alimentación y restaurante. La verdad es que con lo que me gusta la cocina asiática si viviera por aquí cerca sería un asiduo de las tiendas de comestibles chinas. Comida seca, latas, verduras frescas como flor de loto o pak choi asomaban por la calle. Patos colgaban de los restaurantes y decenas de pasteleríaas ofrecían pasteles dulces y salados. Caminamos calles y calles hasta que decidimos dar la vuelta bajando hasta el distrito financiero. Caminamos entre gente trajeada, tiendas caras y tráfico denso entre los rascacielos de San Francisco. Desde allí nos dirigimos hacia Union Square de nuevo pasando por tiendas de moda y alguna que otra tienda rara (había uno de vestidos de gothic lolita al lado de una pastelería japonesa). Volvimos al hotel y cogimos el coche. Era ya la una y media de la tarde.
Con el coche nos dirigimos a una tienda que quería ver, Gamescape. De esas de juegos de tablero que tanto me gustan. Lo malo es que la falta de sitio en la maleta, lo que pesan estas cosas y que muchas de ellas se pueden pedir desde España hacen que salgamos de ella casi con las manos vacías. Volvimos a coger el coche y nos fuimos hacia el Golden Gate Park a coger en unas calles aledañasa unos pasteles chinos para comerlos en el propio parque. Acordaos de esto, en San Francisco hay que llevar cambio encima para el parquímetro o hay sitios donde es imposible parar. Comimos en el parque tras dejar el coche cerca del lago y nos sentamos al lado rodeados de pájaros y patos que estaban a la que caía para ver si daban comido algo. Cuando terminamos nos dirigimos ya hacia Palo Alto.
Tras cuarente minutos de coche dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a ver a mis compañeros de la oficina de aquí. Estuvimos un rato en la oficina de cháchara con el jefe y con la gente que no cocnocíamos antes de irnos a tomar algo con los compañeros que antes estaban en Coruña. Primero nos fuimos a una cervecería que servían cerveza de trigo de fabricación propia y me dejé llevar por la recomendación de Alberto de tomar la de trigo que estaba deliciosa (lo siento David, pero Alberto tiene razón :-)) Acompañamos las bebidas con unas patatas fritasa con ajo, un clásico local. Desde allí nos fuimos a cenar a un local estilo años 50. Una agradable conversación acompañada por sandwiches y hamburguesa y un batido de oreo que compartimos Bea y yo. Al postre como siempre no llegamos... Cansados nos despedimos sin saber si mañana nos volveremos a ver o era ya la despedida hasta vernos en Coruña.
martes 31 de mayo de 2011
Un viaje muy especial, San Francisco (día 23)
Nos despertamos por la mañana con el desayuno llamando a la puerta. No era gran cosa pero coñe, que te lo traigan a la puerta por la mañana y gratis pues no es para quejarse. El hotel que habíamos cogido no era la octava maravilla, pero era aceptable. Estaba en South San Francisco, cuna de la bioingeniería como rezaba el cartel a la entrada. Desde allí salimos en coche hacia San Francisco, última parada en el camino americano.
¿Que hacer en nuestro primer día en SF? Que complicado... Decidimos descubrir un poco la ciudad en coche, como no. Tras salir el hotel, primer destino, Golden Gate. Cruzamos la ciudad sin saber muy bien por donde nos manda el GPS. Vemos a lo lejos los rascacielos del distrito financiero. Atravesamos calles con muy poca gente en ellas (hoy es festivo) y vemos aparecer al Golden Gate a lo lejos. Que bonito es y como impresiona. Lo atravesemos despacio, con Bea haciendo fotos a mi lado. Al acabar el puente paramos en Vista Point, justo al aotro lado, para hacer fotos de la bahía. Nos quedamos poco rato porque hace frío debido al viento, lo que será una constante a lo largo del día. Seguimos por la carretera en dirección a Sausalito, para poder ver las casas flotantes. No había mucho sitio donde parar así que seguimos carretera hacia Muir Woods, para volver a ver sequoias. Las plazas de aparcamiento eran inexistentes, debía estar todo el estado aquí hoy así que acabamos en Muir Beach aparcando para ver la playa de cerca. La arena volvía a ser fina, aunque algo más oscura que la de Los Angeles.
Hay que decir que es típico en California en las playas en las que hemos estado que la gente haga hogueras y la arena quede tiznada. Hoy en la playa había bastante gente con barbacoas de las que tienen tapa haciéndose la comida. Además había restos de hogeras, así que supongo que eso influirá en el color oscuro. Otra cosa que hemos visto mucho en las playas son las cometas. Hace tiempo que no las veo en Galicia pero aquí hay mucha gente que las trae y las deja volando mientras están en la playa. Nos quedamos hasta que nos cansamos del frío y nos fuimos a buscar donde comer. Desafortunadamente ya era tarde y acabamos en un "restaurante" de comida rápida y continuamos camino.
Siguiente parada del día Berkeley. Por el camino cruzamos el puente Richmond, otro de los impresionantes puentes de la bahía. Berkley. Pocas universidades pueden presumir de tener tantos premios Nobel como esta. De hecho desde hace unos años tiene plazas de aparcamiento reservadas para ellos. Dado que hoy era festivo resultó fácil (y gratis) aparcar en el campus así que aparcamos y nos dimos un paseo. Muy curiosa la facultad de "biología" con bajorelieves de grifos (el bicho mitológico) en la fachada :-). La verdad es que el campus es precioso y se nota la pasta por todos lados, pero lo que es el downtown de Berkeley es bastante feo. Salimos de allí atravesando partes de Oakland que se veían bastante deprimidas antes de cruzar otro de los puentes de la bahía, el bay Bridge, que es clavadito al Golden Gate pero sin pasarelas peatonales. El puente pasa por la Treasure Island y paramos a hacer unas fotos desde ella antes de acabar de cruzarlo.
Siguiente parada, la casa de Padres Forzosos (Full House). Es una de esas series que marcan tu infancia, así que queríamos ver la casa por fuera, ¡que narices! Yendo hacia ella nos damos cuenta de lo que será una constante en esta ciudad y que tantas películas reflejan. Las cuestas. Pero no os imagineis cuestas como las que teneis en vuestras ciudades de esas de "como cansa esta cuesta". No no, ni de broma. Esto son cuestas con una inclinación que menos mal que el coche este no es mío porque me quedaría sin embrague en dos días. Son cuestas estilo últimas rampas del Tourmalet. En fin, que muy mona la casa de Padres forzosos y muy bonitas las de alrededor. De allí fuimos a baja en coche la cuesta más mítica de San Francisco, la de Lombard Street. !La verdad es que había hasta cola para bajarla! La coña es que antes de bajarla hay que hacer cola en unas subidas muy empinadas y había gente a la que se le iba el coche para atrás y patinaba para salir. Menos mal que este coche tiene asistencia para salida en cuesta, reitero lo de mi coche y el embrague... Bajamos la calle y nos fuimos al hotel a dejar el coche en su parking. Hoy hemos cogido un hotel en pleno centro de la ciudad, al ladito de Union Square y a 10 metros escasos de una parada del tranvía.
Tras dejar las cosas en el hotel la idea era ir a pie hasta el Pier 39. Lo que pasó es que nos equivocamos de sentido y al final decidimos ir en tranvía ya que habíamos andado 500 metros cuesta abajo y... había que subirlos. Esperamos a que viniera un tranvía y nos subimos. Mientras esperábamos nos fijábamos en que en esta ciudad lo que si se ve es mucho sin techo por la ciudad. Creo que incluso se ven más que en Nueva York, en la que se ven bastantes. Lo que pasa es que NY no ves a muchos pidiendo por la calle y en esta ciudad sí. En fin, que nos subimos al tranvía y acabamos cerquita del Pier 39, el muelle más famoso de la ciudad. Este muelle es muy famoso por los leones marinos que habitan en él. Dimos unas vueltas por las tiendas que lo rodean alucinando con una panadería en la que ves el obrador y como hacen las cosas a mano y que estaba cargada de cosas con una pinta estupenda. En el muelle nos quedamos lo que pudimos por el frío que hacía. Eso sí, nos quedamos un buen rato mirando a los leones marinos y fijándonos en su comportamiento y en lo territoriales que son entre ellos. Ahora nos quedaba la duda sobre donde cenar. Acabamos en la panadería de antes que también es restaurante y me acabé comiendo, a lo guiri, un cangrejo de la bahía. La verdad es que estaba estupendo. Tenía mucho sabor y estaba cargadito cargadito. Además este tipo de cangrejo tiene una coche blandita que se parece a la del lubrigante lo que hace muy facil extraer la carne. Bea prefirió un mero delicioso. De allí, un nuevo tranvía y de vuelta al hotel, ¡a descansar!
¿Que hacer en nuestro primer día en SF? Que complicado... Decidimos descubrir un poco la ciudad en coche, como no. Tras salir el hotel, primer destino, Golden Gate. Cruzamos la ciudad sin saber muy bien por donde nos manda el GPS. Vemos a lo lejos los rascacielos del distrito financiero. Atravesamos calles con muy poca gente en ellas (hoy es festivo) y vemos aparecer al Golden Gate a lo lejos. Que bonito es y como impresiona. Lo atravesemos despacio, con Bea haciendo fotos a mi lado. Al acabar el puente paramos en Vista Point, justo al aotro lado, para hacer fotos de la bahía. Nos quedamos poco rato porque hace frío debido al viento, lo que será una constante a lo largo del día. Seguimos por la carretera en dirección a Sausalito, para poder ver las casas flotantes. No había mucho sitio donde parar así que seguimos carretera hacia Muir Woods, para volver a ver sequoias. Las plazas de aparcamiento eran inexistentes, debía estar todo el estado aquí hoy así que acabamos en Muir Beach aparcando para ver la playa de cerca. La arena volvía a ser fina, aunque algo más oscura que la de Los Angeles.
Siguiente parada del día Berkeley. Por el camino cruzamos el puente Richmond, otro de los impresionantes puentes de la bahía. Berkley. Pocas universidades pueden presumir de tener tantos premios Nobel como esta. De hecho desde hace unos años tiene plazas de aparcamiento reservadas para ellos. Dado que hoy era festivo resultó fácil (y gratis) aparcar en el campus así que aparcamos y nos dimos un paseo. Muy curiosa la facultad de "biología" con bajorelieves de grifos (el bicho mitológico) en la fachada :-). La verdad es que el campus es precioso y se nota la pasta por todos lados, pero lo que es el downtown de Berkeley es bastante feo. Salimos de allí atravesando partes de Oakland que se veían bastante deprimidas antes de cruzar otro de los puentes de la bahía, el bay Bridge, que es clavadito al Golden Gate pero sin pasarelas peatonales. El puente pasa por la Treasure Island y paramos a hacer unas fotos desde ella antes de acabar de cruzarlo.
Siguiente parada, la casa de Padres Forzosos (Full House). Es una de esas series que marcan tu infancia, así que queríamos ver la casa por fuera, ¡que narices! Yendo hacia ella nos damos cuenta de lo que será una constante en esta ciudad y que tantas películas reflejan. Las cuestas. Pero no os imagineis cuestas como las que teneis en vuestras ciudades de esas de "como cansa esta cuesta". No no, ni de broma. Esto son cuestas con una inclinación que menos mal que el coche este no es mío porque me quedaría sin embrague en dos días. Son cuestas estilo últimas rampas del Tourmalet. En fin, que muy mona la casa de Padres forzosos y muy bonitas las de alrededor. De allí fuimos a baja en coche la cuesta más mítica de San Francisco, la de Lombard Street. !La verdad es que había hasta cola para bajarla! La coña es que antes de bajarla hay que hacer cola en unas subidas muy empinadas y había gente a la que se le iba el coche para atrás y patinaba para salir. Menos mal que este coche tiene asistencia para salida en cuesta, reitero lo de mi coche y el embrague... Bajamos la calle y nos fuimos al hotel a dejar el coche en su parking. Hoy hemos cogido un hotel en pleno centro de la ciudad, al ladito de Union Square y a 10 metros escasos de una parada del tranvía.
Tras dejar las cosas en el hotel la idea era ir a pie hasta el Pier 39. Lo que pasó es que nos equivocamos de sentido y al final decidimos ir en tranvía ya que habíamos andado 500 metros cuesta abajo y... había que subirlos. Esperamos a que viniera un tranvía y nos subimos. Mientras esperábamos nos fijábamos en que en esta ciudad lo que si se ve es mucho sin techo por la ciudad. Creo que incluso se ven más que en Nueva York, en la que se ven bastantes. Lo que pasa es que NY no ves a muchos pidiendo por la calle y en esta ciudad sí. En fin, que nos subimos al tranvía y acabamos cerquita del Pier 39, el muelle más famoso de la ciudad. Este muelle es muy famoso por los leones marinos que habitan en él. Dimos unas vueltas por las tiendas que lo rodean alucinando con una panadería en la que ves el obrador y como hacen las cosas a mano y que estaba cargada de cosas con una pinta estupenda. En el muelle nos quedamos lo que pudimos por el frío que hacía. Eso sí, nos quedamos un buen rato mirando a los leones marinos y fijándonos en su comportamiento y en lo territoriales que son entre ellos. Ahora nos quedaba la duda sobre donde cenar. Acabamos en la panadería de antes que también es restaurante y me acabé comiendo, a lo guiri, un cangrejo de la bahía. La verdad es que estaba estupendo. Tenía mucho sabor y estaba cargadito cargadito. Además este tipo de cangrejo tiene una coche blandita que se parece a la del lubrigante lo que hace muy facil extraer la carne. Bea prefirió un mero delicioso. De allí, un nuevo tranvía y de vuelta al hotel, ¡a descansar!
lunes 30 de mayo de 2011
Un viaje muy especial, Big sur(día 22)
Volvemos hacia la costa y vuelve el sol, aunque no el calor. El termómetro marca 17ºC cuando salimos del hotel y si bien al sol se está estupendamente donde pega el viento hace algo de frío. Cogemos el coche y nos dirigimos hacia la costa. Desde King City el camino más rápido es atravesar unas montañas y así lo hacemos. Cuando llevamos unos 15 Km por la carrtera vemos una señal de que nos aproximamos a un fuerte del ejército americano y pensamos que nos mandarían dar la vuelta pero la carretera, al llegar al punto de control, ponía que estaba abierta al tráfico y no había nadie en la garita. Así que atravesamos con el coche un fuerte que usa para entrenarse el ejército. Cada dos por tres había carteles que rezaban "velocidad máxima 10 mph en caso de haber tropas en formación en el campo". Alucinante. Estábamos cruzando un campo de entrenamiento donde había todo tipo de terrenos (hierba alta, árboles, ríos...) y veíamos de vez en cuando blancos de tiro. Cuando salimos del fuerte nos encontramos de repente con un bosque protegido y una carretera montañosa que ofrecía unas vistas espectaculares. Uno de los mejores momentos del día fue salir de una curva de la montaña y ver el mar y las nubes y no saber donde estaba el horizonte. ¿Donde acababa el mar y empezaba el cielo? Nunca lo sabremos...
Desde las montañas bajamos hacia la carretera número uno. Ya os habíamos hablado de ella, es la carretera que recorre la costa desde Los Angeles hasta San Francisco. En esta zona va pegadísima al mar, pudiendo ver los acantilados a un lado y las montañas al otro. La carretera en general es ancha y no tiene curvas fastidiadas así que se rueda por ella cómodamente. Cada dos por tres hay sitios para parar y observar el paisaje y así hacemos. Cuando llega la hora de comer no sabemos donde parar. No hay pueblos en esta zona, así que habría que buscar algún chiringuito de carretera, que tampoco abundan. De repente, nos llega el aroma a barbacoa. Paramos en una mini gasolinera y le preguntamos al empleado y nos dice que se come estupendamete. Echamos un ojo a la barbacoa y tiene muy buena pinta. Así que allí paramos, en unas mesas improvisadas delante de una barbacoa al aire libre donde un cocinero con sombrero de vaquero hace costillas de cerdo, carne de ternera, pollo, salmón y salchichas. Escogemos pollo y cerdo y nos los sirven acompañado de un guiso de alubias, un trozo de maíz cocido y una rodaja de sandía. Lo acompañamos de una limonada casera recién hecha. Todo ello por el módico precio de 33$, unos 23€ por los dos. ¡Baratísimo!
Con el estómago lleno seguimos camino hasta Monterey, no sin antes parar en un playa de arena tosca en la que Bea por fin pudo meter los pies en el Pacífico. La arena además de ser tosca estaba algo sucia porque la gente hacía hogueras en ella. Aparcamos en Monterey en un parking con intención de ver el acuario, que a Bea le chiflan. El pueblo es algo turísitico de más, pero aún así es bonito. A mi me recordó mucho a la película Jóvenes Ocultos. Como me picaba la curiosidad lo he mirado y la rodaron casi completamente en Santa Cruz, un pueblo cercano, así que muy desencaminado no iba. El acuario no está mal, pero no es tampoco la octava maravilla. Si habéis estado en algún acuario importante (Lisboa, Barcelona, Valencia, Brest...) la verdad es que solo iría si tenéis mono de uno. Lo mejor para mi la parte de la exposición temporal de medusas y de caballitos de mar. Caminamos un poco por el paseo que rodea al acuario parando a comprar una especie de sugus caseros que son típicos de aquí y que los haya de, literalmente, mil sabores. Seguimos carretera camino de San Francisco que es donde dormimos esta noche.
Por el camino pasamos por unas zonas de dunas gigantes que estaban cubiertas casi completamente de vegetación y no parecían moverse mucho debido a ello. La carretera se volvió a pegar a la costa y decidimos parar a ver la puesta de sol. Que bonito es estar en una playa viendo el sol ponerse en el horizonte. No éramos los únicos, os lo puedo asegurar. En cuanto se puso el sol seguimos hasta el hotel, hicimos el check in y nos fuimos a cenar. Buscando con el móvil acabamos en un japonés muy auténtico en San Mateo, a unos 10 Km del hotel. El restaurante estaba lleno de japoneses, la decoración era demencial (paredes cubiertas de fotos de clientes, un tren en el techo, carteles de comida y de sakes...) y los camereros jocosos. Tuvimos que esperar unos 10 minutos ya que el local estaba lleno y nos decía el camarero "hay una mesa que ya acabó, pero es que no paran de hablar :-)". La comida impresionate. Yo me tomé un cuenco enorme de sashimi con arroz en el fondo y un poco de lechuga y sopa de miso de acompañante. Bea se tomó unos pinchos de pulpo, unos gyozas y un bol de tempura con arroz. Llenísimos nos dirigimos al hotel a dormir.
Desde las montañas bajamos hacia la carretera número uno. Ya os habíamos hablado de ella, es la carretera que recorre la costa desde Los Angeles hasta San Francisco. En esta zona va pegadísima al mar, pudiendo ver los acantilados a un lado y las montañas al otro. La carretera en general es ancha y no tiene curvas fastidiadas así que se rueda por ella cómodamente. Cada dos por tres hay sitios para parar y observar el paisaje y así hacemos. Cuando llega la hora de comer no sabemos donde parar. No hay pueblos en esta zona, así que habría que buscar algún chiringuito de carretera, que tampoco abundan. De repente, nos llega el aroma a barbacoa. Paramos en una mini gasolinera y le preguntamos al empleado y nos dice que se come estupendamete. Echamos un ojo a la barbacoa y tiene muy buena pinta. Así que allí paramos, en unas mesas improvisadas delante de una barbacoa al aire libre donde un cocinero con sombrero de vaquero hace costillas de cerdo, carne de ternera, pollo, salmón y salchichas. Escogemos pollo y cerdo y nos los sirven acompañado de un guiso de alubias, un trozo de maíz cocido y una rodaja de sandía. Lo acompañamos de una limonada casera recién hecha. Todo ello por el módico precio de 33$, unos 23€ por los dos. ¡Baratísimo!
Con el estómago lleno seguimos camino hasta Monterey, no sin antes parar en un playa de arena tosca en la que Bea por fin pudo meter los pies en el Pacífico. La arena además de ser tosca estaba algo sucia porque la gente hacía hogueras en ella. Aparcamos en Monterey en un parking con intención de ver el acuario, que a Bea le chiflan. El pueblo es algo turísitico de más, pero aún así es bonito. A mi me recordó mucho a la película Jóvenes Ocultos. Como me picaba la curiosidad lo he mirado y la rodaron casi completamente en Santa Cruz, un pueblo cercano, así que muy desencaminado no iba. El acuario no está mal, pero no es tampoco la octava maravilla. Si habéis estado en algún acuario importante (Lisboa, Barcelona, Valencia, Brest...) la verdad es que solo iría si tenéis mono de uno. Lo mejor para mi la parte de la exposición temporal de medusas y de caballitos de mar. Caminamos un poco por el paseo que rodea al acuario parando a comprar una especie de sugus caseros que son típicos de aquí y que los haya de, literalmente, mil sabores. Seguimos carretera camino de San Francisco que es donde dormimos esta noche.
Por el camino pasamos por unas zonas de dunas gigantes que estaban cubiertas casi completamente de vegetación y no parecían moverse mucho debido a ello. La carretera se volvió a pegar a la costa y decidimos parar a ver la puesta de sol. Que bonito es estar en una playa viendo el sol ponerse en el horizonte. No éramos los únicos, os lo puedo asegurar. En cuanto se puso el sol seguimos hasta el hotel, hicimos el check in y nos fuimos a cenar. Buscando con el móvil acabamos en un japonés muy auténtico en San Mateo, a unos 10 Km del hotel. El restaurante estaba lleno de japoneses, la decoración era demencial (paredes cubiertas de fotos de clientes, un tren en el techo, carteles de comida y de sakes...) y los camereros jocosos. Tuvimos que esperar unos 10 minutos ya que el local estaba lleno y nos decía el camarero "hay una mesa que ya acabó, pero es que no paran de hablar :-)". La comida impresionate. Yo me tomé un cuenco enorme de sashimi con arroz en el fondo y un poco de lechuga y sopa de miso de acompañante. Bea se tomó unos pinchos de pulpo, unos gyozas y un bol de tempura con arroz. Llenísimos nos dirigimos al hotel a dormir.
Un viaje muy especial, Yosemite parte 2(día 21)
Empezamos la crónica pidiendo perdón por el retraso. Llevamos dos días llegando tarde y cansados al hotel y es mejor descansar que escribir. En fin, ¿donde andábamos? Ah si, en Yosemite. Nos despertamos y salimos a desayunar el desayuno típico de los hoteles americanos. Un consejo, en el 99% si es gratis genial pero no pagueis un duro por él. Lo típico consiste en que haya un par de jarras/dispensadores de zumo, unas tostadas, un bagel con queso philadelphia para echarles, y unos pasteles industriales que no son gran cosa. Ah sí, y cereales con leche semidesnatada que no sabe a nada. En algunos por suerte hay gofreras y sirope de arce, pero solo si teneis algo de suerte. En fin, que desayunamos y salimos hacia Yosemite un sábado en medio de uno de los pocos puentes que hay en USA.
Ya camino del parque vimos que había muchísimo tráfico, con caravana para pasar los puntos de control/venta de entradas. En la cabina pregunté por si estaba abierta la carretera a Glacier Point (la vista más espectacular del parque) y me dijeron que sí, pero que mañana seguramente la cerrarían porque se esperaba nieve esta noche. Con esas perspectivas decidimos ir a lo que teníamos más cerca de la entrada, Mariposa Groove. Allí nos esperaban bastantes sequoias, algunas realmente gigantes y espectaculares. Aparcamos el coche tras pasar la carretera los últimos antes de que la cortaran. Cuando hay mucha gente en algunasa carreteras los rangers las cierran y solo permiten pasar a los buses gratuitos para que no se colapsen. Aparcamos en Mariposa Groove y decidimos aprovechar la mañana haciendo una caminata por los senderos viendo sequoias, las raras flores de la zona, las plantas, los árboles... Muy bonito. Nos dimos una buena caminata tras llevar varios días de coche (unos 8 km) y volvimos al coche. Paramos a coger unos sandwiches en la tienda de la cabecera del sendero y cogimos el coche con dirección a Glacier Point a eso de las tres de la tarde.
A partir de ahí la verdad es que todo se torció. La tormenta se adelantó y cuando subíamos a glacier point se convirtió en nieve y los rangers la cortaron. Tratamos de llorarles un poco pero no hubo manera, tuvimos que dar la vuelta. Como llovía y la gente quería ir toda al village/los alojamientos la carretera que rodea al valle (que es de único sentido) se convirtió en un atasco de proporciones bíblicas en el que estuvimos atrapados dos horas. Resigandos aprovechamos el tiempo haciendo fotos. La verdad es que en este tipo de situaciones es en las que mola tener un coche automático. Para los atascos es comodísimo y el coche sufre menos que en un manual donde estás picando embrague todo el rato. Como aquello era un poco caos
decidimos irnos (dormíamos en King City a 300 km de allí) sin parar en las cascadas que nos quedaban por ver y nos conformamos con verlas desde la carretera. Además, para mayor decepción, resulta que no cona muyseguimos ver ni un oso, que a Bea le apetecía mucho. Salimos del parque por la salida de Mariposa viendo como bajaba el río embravecido. La verdad es que era realmente espectacular ver la fuerza ya que la pendiente era muy pronunciada y el río tenía unos rápidos que daban bastante respeto. El parque nos ha dejado un sabor agridulce. Es realmente espectacular y asombroso pero no hemos podido ver lo que nos gustaría debido a las fechas en las que pudimos venir. Ni pudimos recorrer la CA-120, ni pudimos subir a Glacier Point, ni pudimos ver osos... Pero bueno, ¡otro año será!
Ahora nos dirigíamos a King City a dormir. No teníamos mucho donde escoger en este puente, la verdad, asaí que dormimos en un motel de carrtera regentado por unos indios que no estaba mal del todo. Por el camino paramos a cenar en Merced (viendo la hora que era nos coincidía por el camino). Cogimos el movil y buscamos algo que nos apeteciera. Vimos que había una heladería de yogurth helado y como no teníamos mucha hambre allí fuimos. Aparcamos delante (como no podría ser de otra manera en este país) y la verdad es que la experiencia fue la leche. El local, alto, estaba regentado por dos chavales que parecían sacados de Clerks o de la más reciente Scott Pilgrim. Nos explicaron como iba el sistema en el que tu cogías un recipiente y echabas helado del sabor que quisieras y los toppings que deseases y luego te lo pesan y pagas según el peso total. En el centro del local había un grupo de chicos de unos veinte años charlando y al fondo del local había una guitarra conectada a un ampli. La verdad es que estuvimos tomando el helado fijándonos en todo y fue algo que parecía sacado de una película adolescente. En fin, que una hora tras acabar de cenar estábamos descansando en King City ya acercándonos a la costa californiana de nuevo.
Ya camino del parque vimos que había muchísimo tráfico, con caravana para pasar los puntos de control/venta de entradas. En la cabina pregunté por si estaba abierta la carretera a Glacier Point (la vista más espectacular del parque) y me dijeron que sí, pero que mañana seguramente la cerrarían porque se esperaba nieve esta noche. Con esas perspectivas decidimos ir a lo que teníamos más cerca de la entrada, Mariposa Groove. Allí nos esperaban bastantes sequoias, algunas realmente gigantes y espectaculares. Aparcamos el coche tras pasar la carretera los últimos antes de que la cortaran. Cuando hay mucha gente en algunasa carreteras los rangers las cierran y solo permiten pasar a los buses gratuitos para que no se colapsen. Aparcamos en Mariposa Groove y decidimos aprovechar la mañana haciendo una caminata por los senderos viendo sequoias, las raras flores de la zona, las plantas, los árboles... Muy bonito. Nos dimos una buena caminata tras llevar varios días de coche (unos 8 km) y volvimos al coche. Paramos a coger unos sandwiches en la tienda de la cabecera del sendero y cogimos el coche con dirección a Glacier Point a eso de las tres de la tarde.
A partir de ahí la verdad es que todo se torció. La tormenta se adelantó y cuando subíamos a glacier point se convirtió en nieve y los rangers la cortaron. Tratamos de llorarles un poco pero no hubo manera, tuvimos que dar la vuelta. Como llovía y la gente quería ir toda al village/los alojamientos la carretera que rodea al valle (que es de único sentido) se convirtió en un atasco de proporciones bíblicas en el que estuvimos atrapados dos horas. Resigandos aprovechamos el tiempo haciendo fotos. La verdad es que en este tipo de situaciones es en las que mola tener un coche automático. Para los atascos es comodísimo y el coche sufre menos que en un manual donde estás picando embrague todo el rato. Como aquello era un poco caos
decidimos irnos (dormíamos en King City a 300 km de allí) sin parar en las cascadas que nos quedaban por ver y nos conformamos con verlas desde la carretera. Además, para mayor decepción, resulta que no cona muyseguimos ver ni un oso, que a Bea le apetecía mucho. Salimos del parque por la salida de Mariposa viendo como bajaba el río embravecido. La verdad es que era realmente espectacular ver la fuerza ya que la pendiente era muy pronunciada y el río tenía unos rápidos que daban bastante respeto. El parque nos ha dejado un sabor agridulce. Es realmente espectacular y asombroso pero no hemos podido ver lo que nos gustaría debido a las fechas en las que pudimos venir. Ni pudimos recorrer la CA-120, ni pudimos subir a Glacier Point, ni pudimos ver osos... Pero bueno, ¡otro año será!
Ahora nos dirigíamos a King City a dormir. No teníamos mucho donde escoger en este puente, la verdad, asaí que dormimos en un motel de carrtera regentado por unos indios que no estaba mal del todo. Por el camino paramos a cenar en Merced (viendo la hora que era nos coincidía por el camino). Cogimos el movil y buscamos algo que nos apeteciera. Vimos que había una heladería de yogurth helado y como no teníamos mucha hambre allí fuimos. Aparcamos delante (como no podría ser de otra manera en este país) y la verdad es que la experiencia fue la leche. El local, alto, estaba regentado por dos chavales que parecían sacados de Clerks o de la más reciente Scott Pilgrim. Nos explicaron como iba el sistema en el que tu cogías un recipiente y echabas helado del sabor que quisieras y los toppings que deseases y luego te lo pesan y pagas según el peso total. En el centro del local había un grupo de chicos de unos veinte años charlando y al fondo del local había una guitarra conectada a un ampli. La verdad es que estuvimos tomando el helado fijándonos en todo y fue algo que parecía sacado de una película adolescente. En fin, que una hora tras acabar de cenar estábamos descansando en King City ya acercándonos a la costa californiana de nuevo.
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