lunes, 22 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 10: Spitafields & Brick Lane

Sol. Aunque las previsiones no han mentido seguimos sin creerlo mucho. De hecho si los pronósticos no fallan no nos va a llover ningún día. Si a alguien le dices que te fuiste de vacaciones a Londres nueve días y no te llovió no se lo cree. Todos contentos desayunamos galletas y smoothies y cogimos el metro camino de Liverpool Street Station. A la ida el metro estaba bastante lleno pero pudimos hacernos un hueco. Nos apañamos bastante bien bajando y subiendo escaleras con la silla entre los dos y no nos preocupa mucho el hecho de que las estaciones no estén adaptadas, pero preferimos viajar en bus. Hoy, sin embargo, la diferencia de tiempo en el trayecto era considerable así que fuimos en metro. Salimos de la estación al borde de la City y nos dirigimos hacia el mercado de Spitafields.


Desde hace ya unos cuantos viajes es nuestra tradición hacer el domingo esta ruta. Ya es que ni nos lo pensamos. Hace años Candem era el mercado al que ir los domingos, pero ahora mismo está demasiado abarrotado de gente y es un poco agobiante. Una recomendación, si queréis ir a Candem id cualquier día menos el domingo. La mayor parte de los puestos abren si no toda casi toda la semana y Candem no es sólo el mercado si no toda la zona, los pubs, las tiendas de discos... Sigamos que me desvío.
 Ahora mismo nuestro plan de domingo en Londres es ir primero a Spitafields, un mercado renovado hace ya unos años que el domingo alberga muchos puestos de ropa, algunos de comida, tiendas y restaurantes.
Todo ello en sitio cubierto con lo que no hay problema de disfrutarlo un día lluvioso. Así que empezamos a recorrerlo tratando de discernir lo que estaba bien y lo que era una trampa para turistas.
Porque esta zona si es turística y muchos puestos del mercado que eran antiguamente regentados por londinenses que traían sus productos está siendo tomado por chinos y paquistanies que tienen ropa de pésima calidad. Sin embargo, aunque la cosa no está tan bien como estaba, sigue mereciendo la pena. Sigue estando la chica que hace vestiditos a mano con unos estampados preciosos, siguen estando dos de mis diseñadores de camisetas favoritos, siguen estando los que traen productos de lana de Mongolia y sigue sintiéndose ese espíritu emprendedor de estos mercadillos. Sigue estando, pero menos. De todas todas compramos, vaya si compramos. Como decía siempre hay cosas interesantes, mucho más que lo vayáis a encontrar en Oxford Street.

Cuando nos entró el hambre decidimos sentarnos a comer en un restaurante de la zona, porque queríamos que la niña comiese para que pudiera dormir la siesta a pierna suelta. Terminamos en el Smiths Of Smithfield que han abierto en el mercado. A este restaurante le tenía echado yo el ojo pero en otra localización. En la planta baja era comida informal y en la alta formal. Comimos en la de abajo una hamburguesa (pché) y un sandwich de pulled pork (básicamente cerdo cocinado a fuego lento hasta que la carne se deshace completamente) que estaba muy rico. Todo esto acompañado de un smoothie de frambuesa, arándanos yogur y miel y una ale local. Tras terminar salimos del restaurante camino del otro lado de la calle, dónde todo cambia radicalmente.

Simplemente con salir hacia el este de Spitafields, un mercado renovado y bonito, aparecemos en Brick Lane. El ambiente cambia completamente. De una zona moderna, limpia y un tanto convencional pasamos a una con casas viejas y desconchadas, suciedad en la calle, grafities y mucho más moderna y vibrante. Paramos en un par de tiendas en el camino hacia el Sunday Up Market, un mercado que se monta dentro de una antigua fábrica. Nuestro gozo en un pozo, en el local han montado una feria temporal de muebles de diseño y no hay mercado. Así que seguimos la calle y fuimos viendo varios mercados que si estaban abiertos, recorriendo tiendas que tratan de marcar las nuevas tendencias de moda en Londres, tiendas de discos y locales de marcha.
Seguimos por la calle mientras la actividad va ya decayendo (son las cinco y media) y nos dirigimos hacia el Boxpark. Siempre me gustó el concepto. Un centro comercial hecho de contenedores de barco que puede ser cambiado de localización de forma fácil. Una idea brillante, si la zona se muere te vas a otra con el centro comercial a cuestas. Es una mezcla curiosa, ya que mezcla tiendas muy de moda con tiendas como Gap... Aaaaah, vale. Que me olvidaba, que ahora lo moderno es vestir normal, así que Gap ahora es moda. A eso de las seis cerró todo y nos fuimos a darle la merienda a la niña a un café Nero, en la terraza y tomando un frappé latte (Bea se tomó un chocolate, que tampoco hacía tanto calor)
Allí estuvimos viendo pasar aviones y gente, antes de coger un metro y volver a casa a descansar un rato y poner una lavadora antes de bajar a cenar.

A las nueve y cuarto salimos a buscar dónde cenar. Salimos de nuestra zona unos cientos de metros hacia la parte posterior de Selfridges, dónde se agolpan bastantes restaurantes. La verdad es que las aplicaciones que suelo usar para buscar restaurantes no funcionan muy bien en Londres. Hay demasiados locales y sus sistemas de filtrado y ordenación son bastante deficientes. Terminamos cenando en un griego llamado Ergon. Cenamos pulpo y solomillo de cerdo ambos bastante ricos y de postre una milhoja de crema y fresas y una panacotta de cardamomo muy ricas. Volvimos con Cloe desatada por Oxford street llamando a las ardillas mientras corría calle arriba.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 9: Maltby Street Market, Borough Markey, Southbank & Soho

Hoy parece que el tiempo ha refrescado un poco. El cielo amaneció gris y aunque no hace mucho frío está un tanto desapacible. Hoy quedamos con Pedro y Bea, unos amigos emigrados a un pueblo aqui cerca y pasamos el día con ellos. Vinieron por el apartamento mientras acabábamos de arreglar a Cloe y salimos hacia Malby Street Maket, un mercadillo muy de moda en el sureste de Londres. El camino lo recorrimos en dos buses con una pequeña vuelta debido a una equivocación por mi parte en la selección de buses. El mercado está literalmente en el medio de la nada, en las naves que hay bajo las vías del tren en una zona residencial. Es un mercado formado por establecimientos que han huido de la aglomeración de turistas que recorren Burough Market y que asustan a los locales. Por lo que hemos visto ha sido una buena elección ya que el mercado estaba bastante abarrotado de gente local y de muy pocos turistas. La parte que visitamos, Ropewalk, es bastante pequeña. En un reducido espacio hay un Deli, un sitio de gofres, varias panaderías, tiendas de flores, un vendedor de cerveza artesana, otros de quesos, un destilador de ginebra y una tienda de antiguedades gigante.
Dimos un paseo y cumplimos mi antojo parando a comer un bocadillo de pastrami en el Monty's Deli tras esperar un montón de tiempo entre pedirlo y que nos lo hicieran.
Nuestra impresión es que estaba muy bueno pero que era muy caro. 7,5 libras por un bocadillo es mucho y por algo similar en USA te cobrarían 5 dólares, pero claro, en Londres es muy difícil encontrar un buen pastrami. Supongo que eso, y el factor hipster del lugar, suben el precio. Eso sí, mi opinión personal es que si queréis tomar un muy buen pastrami, este es el sitio.


Desde allí salimos caminando hacia Burough pasando por al lado del Shard, un rascacielos enorme que han construido hace poco en la ciudad.
 El mercado de Burough... Supongo que se puede seguir recomendando. Hay mil cosas para comer, está todo muy rico, pero es un caos. Ahora mismo un sábado al mediodía es casi imposible andar, y ya no os cuento con un carrito de bebé. Estaba a reventar. Lo que era un secreto a voces se ha convertido en un sitio al que ir sí o sí cuando se va a la ciudad. Esto lo ha convertido en algo como Candem Town, un sitio interesante pero que es un agobio. Así que supongo que ha perdido algo de encanto y entiendo que la gente esté buscando nuevos lugares donde encontrar comida callejera porque no hay forma de comer en este sitio con las enormes colas que hay. Aún así nos escapamos un poco de la zona de puestos de street food nueva que han hecho a la entrada y nos fuimos hacia la zona del mercado propiamente dicha. Ahí, que siempre subimos al Roast, decidimos estrenar la parte inferior del restaurante dónde tienen bocadillos para llevar. Nos tomamos unos bocadillos de panceta crujiente con salsa de manzana asada que eran un delicia. Antes de seguir nos tomamos unos zumos recién exprimidos para coger unas cuantas vitaminas. Y por último hicimos una parada en mi tienda de quesos favorita, Neal's Yard Dairy.

Ya había estado y la he nombrado en el blog, pero esta visita fue mejor que nunca. Nos tocó un dependiente super amable al que le dije que estaba muy perdido en los quesos ingleses. Gran decisión. El chico nos estuvo haciendo un recorrido por varios tipos de quesos dándonos a probar. Creo que probamos casi una docena de quesos antes de decidirnos por tres cuñas para comer estos días en el apartamento. Una gran experiencia, sin duda, para los amantes del queso. No dudéis en venir por aquí.

Seguimos paseando por el South Bank pegados al río hasta decidirnos a buscar un sitio dónde darle la comida a Cloe que se acababa de despertar y el cielo se tornaba más gris y parecía que quería empezar a lloviznar.
Paramos en un pub llamado Mulberry Bush. En un ambiente muy acogedor le dimos la comida a Cloe mientras pude tomarme la primera pinta de ale de todo el viaje.
Parece mentira que estemos a menos de 100m del bullicio del paseo del South Bank repleto de turistas. Es como si el sur del río intimidase y la gente no se aventurase más al sur que el paseo. El pub tenía 0 turistas y estaba lleno de gente local. Estuvimos muy agusto charlando hasta que decidimos marcharnos hacia el centro dando un paseo. La amenaza de lluvia había desaparecido y el tiempo parecía mejorar aunque en el río hacía algo de viento. Por el camino paramos en otro mini mercadillo montado en la parte de atrás del South Bank Centre y lo recorrimos rápidamente parando sólo yo a comer un pastel de nata portugués con frambuesas. Caprichos que le dan a uno. Seguimos paseando por el South Bank hasta que decidimos cruzar al otro lado del río por uno de los dos puentes Golden Jubilee que pasan a los lados del puente del ferrocarril de la estación de Embarkment. Desde allí nos dirigimos a Trafalgar Square y la cruzamos dirigiéndonos hacia el Soho.

Paramos por recomendación de Pedro a cenar (merendar) a una hora casi inglesa (las siete) en el Taro, un restaurante japonés.
Allí compartimos unas gyozas, Bea se tomó sashimi con arroz que no era gran cosa pero yo me tomé un ramen de cerdo que era muy muy bueno. De los mejores que he comido, con un caldo lechoso con un punto de gengibre y mucho sabor a cerdo. Riquísimo. Todo esto, con bebidas incluidas supuso 15 libras por cabeza. Muy buena elección y muy recomendable si os apetece un buen ramen pero no muy recomendable para el sashimi que era más bien cutre. Desde allí seguimos caminando hacia Picadilly Circus donde nos despedimos de Pedro y Bea que tenían que coger un tren hacia Milton Keynes y no podían quedarse más. Nosotros seguimos camino hasta casa dando un agradable paseo ya que el cielo había despejado casi de todo y la noche era muy agradable.Hoy fueron algo más de ocho km.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 8: Diana Memorial Playground, Holland Park y Harrods

Otro día más de calor. Parece increíble, la verdad, pero no nos vamos a quejar. Hoy tratamos de salir un poco antes del apartamento y coger el desayuno por el camino. El resultado es que en vez de salir a las doce salimos a las once y media, algo vamos ganando. Salimos y paramos como todos estos días en el Cocomaya para coger fuerzas.

 Un croissant de almendra y una napolitana de chocolate y ya estábamos en marcha. Cogimos un bus que nos dejó al lado de la entrada del Diana Memorial Playground para no malgastar energías, que los días van pasando y acumulamos muchos kilómetros. El sitio es el mejor parque infantil que haya visto. Es increíble. De entrada esta vallado por todo el perímetro y hay unas vigilantes en la puerta que sólo dejan entrar a adultos si acompañan a niños. Según entras hay seis columpios, cuatro de ellos para bebés. Después ya lo primero que se ve es un barco pirata enorme rodeado de arena. El barco es enorme. A un lado tipis, junto a unas ovejas talladas en madera y unas casas tamaño bebé.

Continuando hay otra zona de arena con piedras para trepar, más juegos y más arena. Al lado, un camino que sube hacia una estructura de madera con dos toboganes. Al fondo, una zona musical con un montón de cosas para explorar sonidos. Un sitio dónde saltar que hace música, una piedra de granito que resuena según como la golpees, unos tambores de madera, unos tubos de metal para hacer sonido de percusión al golpear unas palancas de madera...
Nos pasamos hora y media explorando el parque con Cloe. La mayor parte de los niños van descalzos y hay varias zonas dónde lavar los pies. Fuera del parque un chiringuito de comida hace su agosto. La felicidad infantil en estado puro.

Cuando salimos cogimos otro bus y nos adentramos en otro parque completamente distinto. Holland Park, muy cerca de Kengsinton Gardens y tan desconocido para la mayor parte de la gente. Es un parque más boscoso. No hay esos grandes espacios de césped ni esos estanques que caracteriza a la imagen del parque inglés. Este está lleno de árboles, es frondoso y mucho más frío. Con el día de calor que hace lo agradecemos. El objetivo primordial de la visita a este parque es visitar los Kyoto Gardens, los jardines japoneses del centro de Londres. Es un pequeño rincón en el parque con mucho encanto. Una cascada y un estanque lo presiden repletos de carpas grandes como besugos.
Cloe se lo pasa de maravilla con las ardillas del parque, a las que conseguimos que diera de comer. No voy a decir que sea un sitio espectacular y si fuera a ver un jardín japonés en Londres me plantearía ver el de Kew Gardens, pero este está muy muy cerca del centro y creo que pasar una hora en Holland Park si merece la pena.

Salimos del parque por un lateral y bajamos hacia el sur, hacia Kensington. Por el camino descubrimos que en Holland Park hay unas mansiones increíbles que no quiero ni imaginar lo que cuestan. Bajamos pues por High Street Kensington con Cloe ya durmiendo tras su cansancio acumulado de dos parques. Mucho ambiente y una zona ajetreada. Como nos dio la hora de comer, ya muertos de cansancio nosotros también, acabamos en un pub de la zona llamado Arch Angel. La verdad es que no hubo queja. Ya era tarde y el local estaba vacío, pero entramos y comimos sendas hamburguesas con bacon que eran muy muy grades y estaban bastante buenas. Cada hamburguesa con patatas costó 6 libras, lo que para la zona es casi un regalo y más para la calidad. Más baratas que un menú de Mc Donalds.

Tras comer los tres fuimos a un mega supermercado de Whole foods (una cadena americana) a curiosear productos raros. Hicimos una mini compra y nos fuimos en bus hacia la zona de Harrods porque tenemos una boda a la vuelta y Bea quiere estrenar.
Así que nos dimos una vuelta por el centro comercial sin encontrar nada asequible y nos fuimos a darle la merienda a la niña mientras nos tomábamos unos batidos. Cansados y con la niña más cansada todavía nos fuimos al apartamento. Aunque hacía muy buena noche vimos a la niña cansada y decidimos quedarnos a cenar un poco de fiambre que cacé en el supermercado cercano. ¡Hasta mañana!

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 7: Covent Garden

Y otro día de calor. 25º de máxima y 17 de mínima. Si esto sigue así vamos a pasar el verano en Londres que no pasamos en Galicia. Otro día más nos levantamos y me fui hasta el Cocomaya a por pasteles. Que no falte. Hoy tocaron un cronut de chocolate, uno de vainilla y una napolitana de chocolate. Nos hacen falta las fuerzas porque si ya Londres cansa, con una niña no os cuento. Así que desayunamos los tres con calma, nos arreglamos y salimos a pasear. El objetivo de hoy era sencillo, recorrer el Covent Garden. Que sí, que llevamos un par de días haciendo el guiri y que no os descubrimos nada nuevo, pero ahora mismo es lo que nos apetece. Nos apetece hacer lo de siempre, supongo que será la edad... Pues nada, que nos cogimos un bus hasta Picadilly y fuimos al Covent Garden pasando primero por Leicester Square y nos dedicamos a recorrer el  barrio de arriba a abajo, parando en las tiendas y viendo las cadenas de siempre pero también mucho diseño.

Al mediodía paramos a comer una hamburguesa en el Shake Shack que han abierto en Londres, su primera hamburguesería fuera de USA. Había leído de todo sobre el sitio, generalmente reviews bastante regulares y alguna opinión cercana positiva. Mi opinión es que no saben como las que habíamos comido en NY. De allí salí muy satisfecho y de aquí no, siendo además bastante más caro que su versión americana. Han convertido los 8 USD que valía la hamburguesa con un piso de carne y otro de setas a 8 libras. Y tampoco es que fueran muy amables porque no se molestaron lo más mínimo en calentar el potito de Cloe. Que no tenian forma. Claro. En fin, que yo no lo recomiendo y seguro que ahora mismo hay sitios mejores dónde tomar una hamburguesa en Londres. Lo que sí mereció la pena fue comer en la terraza, con el sol asomando con fuerza entre las nubes y Cloe sonriendo.

Tras comer los tres seguimos de paseo .
Nos metimos en uno de esos rincones de esta zona, Neal's Yard, que le dan un aire especial. Seguimos dando vueltas por la zona y terminamos la tarde haciendo las compras frikis de rigor. Hay dos sitios en la zona que siempre visito, Orc's Nest y Forbidden Planet. La primera es de las pocas tiendas que quedan en el centro de Londres dedicadas a alos juegos de tablero y el rol. La segunda es la mayor tienda de Europa de comics. Son muy distintas. La primera es pequeña y familiar, la segunda es ya un imperio con tiendas al otro lado del charco. En la primera la visita fue rápida, pero en la segunda nos pasamos un buen rato mirando figuritas y curioseando.

Ya cansados y con Cloe con hambre nos metimos en un Pret a Manger a comer algo. Nos recibieron con un mecajonacona. Así, literalmente. Camareros españoles hay a patadas en Londres. La crisis, que es muy mala. Cloe se tomó su merienda y ya simplemente cogimos un bus, unos sandwiches de salted beef y para el apartamento, que hoy estamos bastante cansados.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 6: Hyde Park, Picadilly, Regent Street y Oxford Street

Primer día completo en Londes. El día amaneció gris como es costumbre en Londres. Pero la temperatura era suave y no había el típico viento frío londinense que se te cala hasta los huesos, así que aprovechamos nuestra buena suerte para pasear. Pero antes tocaba tener nuestro primer desayuno lujazo en el apartamento. Mientras Bea se duchaba me fui a buscar al supermercado un monton de smothies y fui hasta el Cocomaya a coger pasteles para completar un desayuno delicioso. Allí no dudé en probar la nueva moda, los cronuts y acompañarlo de un cinnamon bun y un croissant. Así, para empezar el día con fuerzas.
Así que con calma nos tomamos el desayuno y salimos bastante tarde del apartamento ya que hoy pesaba en el cuerpo el viaje de ayer.

Salimos pues a las doce del mediodía hacia Hyde Park. Sólo necesitamos andar media manzana para internarnos en el verde. Como nos gusta este sitio. Ayer le pregunté a Rachel, nuestra casera, si sabía de algún parque infantil cerca y me dijo tres. Hoy fuimos a estrenar el primero, el que está muy cerca de la entrada de Lancaster Gate en Hyde Park, en lo que sería la frontera con Kensignton Gardens. Que lujazo de parque.
Lo sorprendente es que, a diferencia de lo que vemos en España, los parques están formados por elementos metálicos más que por elementos de madera. Cloe no sabía a dónde atender. Además tenía todo el parque para ella sola. Acostumbrada a tener que estar muy poco rato en los columpios por tener que dejarlo a la siguiente niña, aquí tenía cuatro para ella sóla. No sabía que elegir primero.

Estuvo probando columpios, toboganes, balancines, cestas... de todo. Disfrutó ella y disfrutamos nosotros viéndola feliz.

Tras estar un buen rato allí bajamos hacia los Italian Gardens y de allí bajamos bordeando el gran estanque del parque pasando por la estatua de Peter Pan y el memorial a Diana.

Por el camino Cloe alucinaba con las ardillas, los patos, los cuervos...
Era una delicia oirla gritar "Ardillaaaaaaaaaaaaa, veeeeeeeeeen" mientras las ardillas huían despavoridas. Desfallecida la subimos a su silla y se quedó rendida inmediatamente. Nos fuimos paseando por Picadilly Street hacia Picadilly Circus, pasando por el Burlington Arcade, el antecedente del centro comercial en Londres y que todavía conserva mucho del espíritu inglés. Al llegar a Picadilly decidimos comer ya que era muy tarde y la niña seguía durmiendo. Así que sin saber muy bien que hacer hoy terminamos comiendo en una de esas cadenas de restaurantes que habíamos visto mil veces y no habíamos probado nunca, el Nando's. Resumen, comida aceptable pero sin alardes. La hamburguesa de pollo a la parrilla de Bea pequeña, mi pollo asado... normal. Nada del otro mundo, vamos, pero tampoco algo que fuera muy malo pero no aporta nada al típico asador de pollos que hay en cada ciudad en España.
Tras comer nos fuimos subiendo Regent Street. Vale que las tiendas de aquí en general no me gustan, pero sigo pensando que es la calle comercial más bonita que he visto. Paramos en la megatienda de Superdry y allí hice la primera compra del viaje. Seguimos subiendo y paramos en el segundo objetivo del día para Cloe, ir a Hamleys. Los que leeis el blog ya sabréis que esta es una juguetería con mucha solera, enorme (son 5 pisos) y en la que siempre los dependientes están jugando con los niños y haciendo monerías. Nada más entrar había un chico bailando mientras hacía pompas de jabón. Cloe alucinaba. Trataba de agarrarlas y no podía. Según seguimos andando, una sección entera de peluches. Corría de un lado a otro como pollo sin cabeza. Aunque le gustaba de todo terminamos comprando algo que hay en españa, un peluche de Peppa Pig, pero es su pequeño souvenir de Londres.
Seguimos subiendo y jugando. Las dependientas le sonreían y jugaban con ella. Era muy feliz probando juguetes, correteando y cantando. Seguimos subiendo pisos hasta que llegamos al último. Allí le dimos la merienda a Cloe, descansamos un poco y volvimos a la calle.

Seguimos por Regent Street y giramos hacia Oxford Street en Oxford Circus. Paseamos hacia un lado y hacia otro hasta que volvimos al apartamento. Toda esta ruta sin coger un mísero transporte público. Según google maps, sin contar las idas y venidas por las tiendas, hemos hecho más de nueve kilómetros cargando con el carrito y la niña, así que  decidimos darnos un homenaje y cenar en un restaurante al ladito de nuestro apartamento. Casa Malevo se llama. En varias listas lo he visto como uno de los restaurantes que más están despuntando en la ciudad. Es un asador argentino con muy muy buena pinta, así que probamos a ver si hay sitio. Como vamos tarde (son las diez menos cuarto) conseguimos una mesa para los tres. Nos tomamos un asado argentino (creimos que sería el típico asado de tira pero no) y un bife chorizo acompañados de unas patatas fritas y unas patatas fritas provenzales (con ajo y perejil). Probé el vino argentino y todo estaba espectacular, de la mejor carne que hemos comido nunca. Si venís el bife estaba bueno, pero el asado era sublime. De postre tomamos una rebanada de pan con queso marcarpone, fresas y una bola de mousse de chocolate estupenda. Satisfechos y con la barriga llena nos volvimos al apartamento para volver a recuperar las fuerzas perdidas y decidir a dónde vamos mañana.

Tres en Londres: Día 5: Camino de Londres

Hoy ha sido un día de viaje y más viaje. Por la mañana empaquetamos la maleta y nos fuimos a la estación de Burdeos a coger el tren con destino a Londres pasando por París.
Dejé a Bea en la estación y me fui a dejar el coche en un parking de larga estancia. Fue una pequeña odisea. Primero no había sitio y tuve que esperar a que saliera alguien. Después tuve que buscar al encargado para poder contratar la tarifa de 14 días. Todo esto no parece una aventura, salvo porque cuando salí del parking faltaban menos de quince minutos para que saliera el tren y tuve que correr una buena distancia con la maleta a tope. Una vez reunidos en el andén subimos al tren camino de París. Una vez en él un par de malas noticias. En primer lugar el espacio reservado para familias no era tan bonito como lo planteaban. O eso o nos han engañado con que lo haya en este tren. Al final fuimos en un espacio de un vagón cerrado con respecto al resto en el que había cuatro grupos de cuatro sillas enfrentadas con una mesa en el medio. Las sillas no se plegaban y Cloe no tenía donde correr por el suelo. Así que se pasó todo el camino pintando con una aplicación de Imaginarium en el Ipad y viendo Peppa Pig. Con el lío los mayores no habíamos desayunado así que a las doce terminamos comiendo un poco de salchichón y dos croissants. Además para más follón el tren llegó con más de veinte minutos de retraso a Paris así que tuvimos que correr para no perder el enlace.

Llegamos a Montparnasse y corrimos hacia el metro. Fue un poco de follón como esperábamos, con escaleras arriba y abajo, pero finalmente conseguimos subirnos al metro y en menos de media hora estábamos en la Gare du Nord. Allí cogimos unos bocadillos y subimos directamente al hall del Eurostar, pasamos los controles de seguridad y subimos al tren. En el Eurostar poco que contar. Dos horas y media de más Peppa y más pintar, con Cloe devorando parte del bocadillo de jamón y queso de Bea. Llegamos pues a Londres y todavía nos quedaba coger el metro hasta Edgware road. A diferencia de París en Londres un caballero nos ofreció ayuda para subir la silla por las escaleras pero aunque la consideramos innecesaria si que nos pareció muy bien que alguien se preocupara por nosotros. Llegamos a eso de lasa seis y veinte a casa de Rachel, la dueña del apartamento dónde nos alojamos. Es la segunda vez aquí y nos sentimos como en casa. Tal es así que le trajimos de regalo una botella de licor café, para que sepa lo que es bueno. Aquí nos esperaba el mismo apartamento, prácticamente en el mismo estado en que lo dejamos. Se nota algo el uso, pero sigue siendo una maravilla. Tras preguntarle por los parques infantiles de la zona nos despedimos y nos dedicamos a guardar las cosas antes de salir a pasear.

Un rato después a eso de las siete y media hora londinense, estábamos bajando por Oxford Street dando un paseo de esos que dan los guiris por Londres. Ya sabéis que no es precisamente mi calle favorita, pero necesitábamos respirar un poco el ajetreo de la ciudad para aterrizar mentalmente en ella. Bajamos hasta un poco antes de Oxford Circus y paramos a comer un cookie de Ben's cookies, ya famosas en la ciudad tras su despegue desde Oxford. Necesitábamos un poco de azúcar porque no habíamos comido demasiado hoy. Con los comercios ya cerrados nos dirigimos a buscar dónde cenar. Tenía un par de sitios localizados pero fueron imposibles. El Patty and Buns, una hamburguesería que estaba hasta la bandera y el Zoilo, un argentino, tampoco tenía sitio. Así que tras dar una vuelta terminamos en un Wagamama que nunca defrauda aunque tampoco sea algo espectacular.
Tras sentar a Cloe en una trona y darnos los del local unas ceras para que se entretuviera pintando, decidimos cenar una ensalada con algo de langosta, unos gyozas de pollo y un ramen con un poco de todo (cerdo, pollo, calamares, mejillones...). Pedimos por primera vez un plato para Cloe.
Un poco de arroz glutinoso, pollo a la parrilla, zanahoria y maíz dulce. Antes de traer la comida nos ofrecieron un poco de leche de soja para ella. La parte de arriba que tenía un poco de cacao se la comió, pero el resto no le gustó mucho. Su plato de comida casi se lo comió entero.
Dejó medio pollo y algo de arroz y zanahoria, pero por lo demás disfrutó mucho de poder comer ella sola y de lo que fue su experiencia comiendo en general. Recomiendo la experiencia en el Wagamama con niños. Se ve una preocupación en que se lo pasen bien y compartan la experiencia con sus padres. Cansado y derrotados, salimos del restaurante los tres muy felices con ganas de descansar y mañana empezar el día con fuerzas.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Día 4: Capbreton

Hoy, como siempre que salimos de Pamplona, se nos pegaron las sábanas. Solemos aprovechar la última noche para charlar y al acostarnos tarde cuesta levantarse e irse de dónde nos tratan tan bien. Así que pasadas las doce salimos en dirección a Burdeos. Mañana hacemos el viaje en tren a Londres y hoy no tenemos mucha pisa. Simplemente hay que llegar hasta el hotel reservado en las cercanías de la ciudad. Así que viendo la hora que era y con Cloe entregada a Peppa Pig pensamos. ¿Ir a Biarritz? Acabamos de estar hace muy poco. ¿Y si vamos a alguno de los pueblos costeros de las Landas en los que nunca hemos estado? Así que decidimos ir al que más cerca queda de la autopista, que paulatinamente se va alejando de la costa según pasan los kilómetros.

Capbreton fue el destino elegido para comer. Llegamos ya a las tres y cuarto así que no teníamos muchas esperanzas de comer en ningún sitio. El pueblo tenía no demasiada vida ya que lo que vemos es un pueblo de veraneo lleno de viviendas unifamiliares y edificios bajos de apartamentos. Buscamos el puerto deportivo pero no encontramos allí dónde comer. Como última opción nos quedaba recurrir al McDonalds pero finalmente, en la playa, encontramos un sitio donde comer. Bea se comió una Croque Monsieur (sandwich con jamón cocido, bechamel y queso gratinado) y yo un bocadillo de pollo con albahaca.

 Cloe se comió la mitad de mis patatas fritas mientras miraba ávidamente a la playa. La verdad es que era imposible decirle que no. 27ºC, sol, una muy leve brisa y la arena fina que nos decía "¡bajad, leches!". Así que terminamos de comer y bajamos a la playa. La falta de previsión hizo que no llevásemos bañadores. ¿A Londres? ¿Para qué? Así que estuvimos en la playa en ropa interior y nos bañamos con ella.

El agua estaba de escándalo, a casi 24º. La niña se lo pasó como nunca, en la orilla sentada recibiendo a las olas, jugando con papá y mamá en el agua, "nadando"...
 Daba pena sacarla del agua. Bastante tarde ya salimos de la playa. Daba mucha pena irse pero había que seguir camino y Cloe estaba rendida de tanta emoción.



Salimos de Capbreton a eso de las siete menos cuarto. Camino de Burdeos cogimos una caravana que nos retrasó y no pudimos llegar al hotel de hoy, el Gardenia, antes de las nueve menos cuarto. Siendo tan tarde decidimos cenar en el hotel. La cena fue muy regular, tirando a mala. Un risotto que pche, unos entremeses que peché y un confit de pato con patatas cocidas que pché pero es pato y es imposible que sepa mal. De postre un yogur y todo por 27€. Además de todo, caro. Pero en fin, se paga la comodidad porque tenemos que preparar la maleta para el viaje (parte de las cosas se quedarán en el coche) y Cloe está cansada y tiene que bañarse tras la playa. Así que aprovecho el tiempo escribiendo este blog y esperando ya mañana dormir en Londres.

martes, 16 de septiembre de 2014

Tres en Londres: Días 1, 2 y 3: Pamplona y Zarautz

Volvemos a hacer otro viaje. Este año no paramos de viajar y ahora nos toca nuestra periódica visita a Londres. Es imposible cansarse de esa ciudad y queremos enseñársela a Cloe, que desde la barriga de su madre no vio nada, hace casi dos años. Es su tercer viaje y en los anteriores hermos notado que impulsan sus cambios. Vuelve más despierta, hablando más y con un poco de depresión post vacacional. En esta pequeña entrada resumiré lo que hicimos en este tranquilo fin de semana en compañía de nuestros queridos Flo y Carmen.

Salimos como tratamos de hacer siempre el viernes al salir yo del trabajo. A las tres y cuarto ya estábamos en la autopista camino de Pamplona. El camino fue tranquilo, soleado durante casi todo el trayecto y sin incidentes. Paramos en área de descanso de siempre, en el alto del puerto del Manzanal, aunque vamos viendo como va a peor y creo que la próxima parada la haremos en otro sitio. De hecho esta vez no llegamos a consumir nada porque en los veinte minutos que estuvimos allí nadie se nos acercó a tomar nota aunque sí recogieron la mesa de al lado, así que si no quieren nuestro dinero no se lo damos. Le dimos la merienda a Cloe y ya no hicimos más paradas, porque Cloe se durmió cerca de Burgos y ya se despertó llegando a Pamplona. Esa noche llegamos realmente cansados y derrotados. Llevaba una semana de mucho trabajo en mi empresa y la cabeza ya no daba abasto, así que cenamos en casa de los chicos, nos quedamos de charla y nos fuimos a dormir algo tarde.

A la mañana siguiente, ya sábado, nos levantamos y descubrimos que nos habíamos olvidado de poner zona azul. Pues sabed que en Pamplona si te pasas aunque sean cinco minutos de la hora, se lleva la grúa el coche. Así, con dos huevos. Nada de multa de aparcamiento o de multita de la ORA. No no, se lo llevan y aunque no está muy claro que puedan o no hacerlo, ellos lo hacen y si quieres recuperar el coche tu pagas la grúa. Luego ya si eso reclama. Pues nada, algo cabreados nos dividimos y Bea y Flo se fueron a rescatar el coche al tétrico depósito mientras Carmen, Cloe y yo buscábamos un sitio cerca dónde comer. Acabamos en un pub llamado Dublin House tomando unas hambuguesas para matar el hambre. Nada destacable en ellas. Bueno si, eran baratas. Desde allí bajamos a la ciudad vieja a pasear. Hicimos el típico recorrido por la plaza del Castillo, la catedral, el castillo y terminamos en la ciudadela, dónde quedamos con otros amigos. Al poco de llegar aparecieron Jaione, Gus y su hija Ari. Pasamos el resto de la tarde viendo jugar a las niñas en la hierba, subirse por una escultura hecha para ellos y esconderse bajo las ramas de árboles. ¡Que bien se lo pasaron! Salimos de allí ya a eso de las nueve de la noche y nos fuimos a cenar a la casa de Cantabria. En una terraza cubierta por un toldo pasamos el resto de la noche tomandos bravas, unos bocadillos y unas cervezas. Las niñas siguieron con sus juegos en la plaza peatonal en la que se ubica el local. Jugando en la hierba, sentadas en los bancos o corriendo disfrutaron tanto o más que los mayores.

El domingo consultamos la previsión meteorológica y nos dirigimos a Zarautz. El plan original era ir a Guetaria a probar un restaurante al que le tenía muchas ganas, el restaurante Elkano. Pero mi gozo en un pozo porque estaba lleno. Así que decidimos repetir en el restaurante de Karlos Arguiñano en Zarautz. Reservamos lo que luego nos pareció la última mesa disponible. Camino de Zarautz vimos que el tiempo no era lo que las previsiones anunciaban. El calor había formado una tormenta y justo llegando comenzó a diluviar. Así que aparcamos a dos manzanas del restaurante y esperamos a que pasara lo gordo, ya que llovía a mares. Unos diez minutos después dejó de llover y nos fuimos a comer.

Tal y como me habían avisado a la hora de reservar nos pusieron en un comedor interior en vez de estar en el acristalado con vistas a la playa. El otro estaba lleno pero casi lo preferimos. El interior era más pequeño y mucho menos ruidoso. Comimos como reyes. De entrante unas pochas rojas con langostinos y una ensalada de confit de pato. De segundo un chuletón, unas carrilleras, una merluza rellena y un bacalao al pilpil. De postre por "presiones" de la camarera que quiso que los postres fueran todos distíntos tomamos un brownie con mousse de chocolate, una tarta de manzana, un bizcocho de chocolate con sopa de fresa y una torrija con crema tostada. Todo espectacular y el precio redondo.


Como la otra vez fueron 30€ por cabeza, que siendo dónde es (País Vasco y con vistas a la playa) y de quién es, me parece hasta barato. Acabamos de comer ya a eso de las cinco y nos fuimos a dar una vuelta por el paseo marítimo de Zarautz.

Mucha vida y gente en el agua con las tablas aunque no acompañaba mucho el mar (se debían estar aburriendo mucho).
Paseamos cerca de una hora antes de volver a Pamplona ya que cloe no había dormido siesta y queríamos que durmiera por el camino.

Volvimos entre tormentas ocasionales y llegamos a Pamplona con buen tiempo que no duraría mucho. Lo justo para que Bea y Carmen bajaran al parque mientras Flo y yo rememorábamos los viejos tiempos continuando nuestras partidas al PES 6 que habíamos dejado parada en el 2007. Al cabo de un rato llegaron de nuevo Jaione, Gus y Ari. Fuimos a cazar comida al KFC y cenamos todos juntos. Las niñas se lo volvieron a pasar muy bien juntas y alargamos la cena hasta las doce, que al día siguiente ya era lunes y la gente trabajaba. Nos quedamos en casa charlando hasta las tantas y nos fuimos a cama sin muchas ganas ya que el lunes partimos camino de Burdeos.

Destination Nowhere: Día 18: Vuelta.

Que pereza da siempre escribir el último post de un viaje. Es como certificar que se ha acabado y hay que volver a la rutina diária. Atrás quedan días de aventura y diversión y todos los echamos de menos. Cloe es muy pequeña, diréis, pero lleva días pidiendo a su manera coche. Mira melancólicamente por la ventana mientras hace "brrrrrrrrrrr" y a continuación suelta un "¡pepa!¡pepa!". Ella tambien lo echa de menos. Para ella significa estar todo el día de paseo, escuchar nuevos idiomas, conocer gente y ver sitios nuevos. Ahora ella sabe que las vaquitas en Suiza no hace "muuu" si no "tolón tolón", sabe pedir "pizza" y sabe decir "bonllur" y "orbuá". Ha probado comidas, ha visto montañas y ha estado rodeada de sarcófagos. Ella cuando sea mayor no se acordará de nada, pero lo que ella ha evolucionado y madurado estas semanas está ahí a la vista de todos y esas fotos quedarán ahí , para siempre. Tras divagar, como siempre, una pequeña crónica del día de hoy, bastante sosete.

Salimos como podréis adivinar tarde de Pamplona. Siempre nos sentimos bienvenidos así que nos cuesta mucho irnos. Además que Flo salga hacia el trabajo cerca de las doce no ayuda mucho. Así que salimos y nos pusimos a hacer kilómetros, con Cloe disfrutando de Peppa Pig. Al cabo de una hora y media de camino decidió dormirse y estuvo en ese estado hasta cerca de las tres y media. Paramos poco después de Burgos en un área de descanso y tomamos unas tapas mientras le dábamos la comida a Cloe. De allí cogimos carretera y pensábamos parar a eso de las siete a darle la merienda pero decidió volver a dormirse y no la despertamos hasta que llegamos a casa a eso de las ocho.
Casi 5500 Km de ruta, ahí es nada. 60 horas con el coche en movimiento, casi tres días en total. Pero supongo que ya sabréis que para nosotros el trayecto es casi tan importante como el destino. Ahora sólo nos quedamos con ganas de más, como siempre. Ganas de volver en cuanto podamos a Suiza, que es de una belleza inconmesurable. En nuestros viajes sólo hemos visto paisajes parecidos en Austria y quizás en los Dolomitas. Francia se nos va acabando poco a poco, pero cada vez que volvemos a pasar por una carretera descubrimos maravillas nuevas como Orleans, Dijon o Aix-en-Provence. Italia sigue sin entusiasmarnos. Hay sitios, es cierto, pero creo que la parte norte nos sigue gustando más hacia el este que hacia el oeste. Aosta, Milán, Turín... son sitios majos pero no nos maravillan, quizás por su aire decadente y melancólico. Sin embargo el otro lado del norte: Venecia, Verona, Trento... son zonas muy bonitas y animadas, con un ambiente mucho más positivo. Nos queda bajar más hacia el sur para ver si encontramos otra Italia. Sólo me queda despedirme hasta el próximo viaje, que será muy pronto. ¡Hasta la próxima!


jueves, 10 de julio de 2014

Destination Nowhere: Día 17: Biarritz

Lunes. Penúltimo día. ¡Vamos a aprovecharlo! Hoy el cielo en Pamplona está nublado, pero el tiempo hacia nuestro destino dice que hará sol. Estupendo. Desayunamos con Flo y Carmen y nos quedamos hasta que Flo se va a trabajar, a eso de las doce menos cuarto. El objetivo de hoy es volver a Francia y llevarnos a Carmen hasta Biarritz.

Hora y media de carretera más tarde estamos en Biarritz.
Que pueblo tan bonito, es increíble. Siempre nos ha gustado mucho, a pesar de que ya en Julio empieza a estar abarrotado. Aparcamos en el centro en un parking (en la calle estaba imposible) y buscamos dónde comer. Ya era bastante tarde para Francia, las dos y media, así que desistimos de buscar un sitio maravilloso para comer y nos quedamos en la típica terraza que sirve comida de forma continuada. La comida no estuvo mal, siendo un sitio para turistas. Dos entrecottes y un magret de pato muy razonables (mejor el magrette). De allí empezamos el paseo.


Bajamos a la Grande Plage y nos dedicamos a seguir la costa. Biarritz como pueblo está muy bien, casas bonitas (muchas de ellas modernistas), poco horterismo setentero y mucho estilo.
Pero lo realmente espectacular es su costa. Sus aguas de color turquesa, sus acantilados de color marrón con miles de recovecos y sus salientes hacia el mar que desafían las olas.
Además es uno de los paraisos mundiales de surf y se respira por todos lados. Mires hacia donde mires verás a gente en el agua surcando las olas. Caminamos un buen rato por el paseo pasando cerca del puerto que es uno de los más cerrados que he visto en mi vida.
Caminamos un poco más, hasta la estatua de la virgen que hay en una roca metida ya en el mar y subimos de vuelta por la Rue Du Port Vieux, repleta de tiendas y pequeños cafés. Cuando tocó la hora de la merienda paramos en la Pastisserie Miremont. Para nosotros es casi una tradición parar allí. Es ese ambiente del siglo pasado, esos pasteles (¡ñam!) y ese buen café que nos encanta. Así que nos llevamos a Carmen allí y nos dedicamos a darle la merienda a Cloe mientras disfrutábamos del merecido descanso.


Al salir ya se estaba haciendo tarde. Queríamos hacer lo de siempre, ya lo sabéis. Tocaba la última compra de comida del viaje. Así que nos fuimos al Carrefour de siempre (el de Anglet) y compramos provisiones de galletas, Orangina, especias, fiambres y quesos. Con el coche cargado nos dirigimos a Pamplona a cenar, dónde disfrutamos de parte de las viandas adquiridas. Antes de acostarnos, Flo y yo rememoramos viejos tiempos echando unas partidas al PES 6, juego al que dedicamos muchísimas horas en su día y que nos hace sentir algo nostálgicos. Un poco tarde de más nos vamos a cama, mañana toca el viaje de vuelta.