viernes, 20 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, MET y últimos paseos por NY (día 10)

Primero de nada deciros que llevamos dos días sin actualizar el blog por falta de tiempo, así que hoy toca ración doble. El último día en NY fue una locura por las maletas y el primero en Las Vegas estábamos muertos de cansancio. En fin, que hoy, desde la piscina del hotel :-) escribo ambas.

Nos levantamos en NY con previsiones de lluvia para todo el día. Al final resultó que cayeron dos gotas malamente, así que aprovechamos bien el día. Salimos del apartamento camino de MET, el museo metropolitano de arte que está considerado uno de los mejores museos del mundo. Bajamos del hotel y paramos en la pastelería que tenemos a la vuelta de la esquina. Los mejores cheescakes de NY reza a la entrada, ¡y no van de farol! Además muy recomendables los donuts. El sitio en custión está en la octava avenida entre la calle 30 y la 31 en la acera de la izquierda subiendo. Cogimos un par de pasteles y salimos hacia el metro camino del museo. Un par de trasbordos después estábamos ya muy cerca del MET. Paramos en una tienda en la que hacían smoothies helados y nos cogimos uno pequeño para los dos. Salvo que tengáis mucha hambre tenéis que recordar una cosa de NY, y en general de todos los USA, las cosas se piden mini, regular o, como mucho, small. Los tamaños aquí son gigantes. Un tamaño small equivaldría a uno grande de España en la mayor parte de los sitios. En fin, seguimos con el paseo y llegamos al MET.

La cantidad de gente entrando realmente impresiona. Hay unas diez filas de personas cogiendo entradas y tardamos un rato en conseguir las nuestras. Las entradas del MET son muy curiosas ya que es una chapa de metal con el logo del museo que la gente se pone en la solapa o donde buenamente pueda durante la visita. Nada más entrar te ecuentras de bruces con Egipto. El museo está en un edicifio de corte neoclásico realmente bonito y las coleeciones están muy bien integradas. La de Egipto es impresionante. Montones de objetos decorativos, sarcófacos, estatuas... Continuamos andando y echando un ojo al mapa que parece inabarcable si queremos ver todo: este es el típico museo que requeriría semanas para verlo con calma. Avanazamos por una colección de arte americano con cuadros y muebles. Recuerda mucho a las peliculas de la época de la guerra civil americana y como se veían en ellas las mansiones. A continuación pasamos a una de Europa medieval dónde se pueden ver vidrieras, estatuas, objetos decorativos... ¡Esto es inmenso! Esa frase nos viena a la cabeza cientos de veces. Nos detenemos en una colección de armas y armaduras que por un lado contiene piezas europeas (y la coleción es muy variada incluyendo armaduras francesas, alemanas, italianas y españolas) y por otro piezas japonesas y chinas.
Tras la caminata, nos fuimos a un patio que contiene escultura americana a descansar un rato antes de bajar a un exposición temporal de guitarras y subir a un permanente de instrumentos musicales. De ahí pasamos rápidamente por améríca precolombina para llegar a la parte de arte moderno donde se puden ver cuadros de Picasso, Dalí, Klee... Subimos al piso de arriba que está casi enteramente dedicado a la pintura. Nos paramos en el ala de fotografía y recorrimos rápidamente la parte de pintura flamenca (que me gusta espcialmente)  y recorrimos el resto a toda prisa que las fuerzas ya flaqueaban. Medio piso de arriba es pintura europea... De ahí nos fuimos a una parte que me interesaba especialmente, el arte babilónico y mesopotámico. Allí tienen los bajorrelieves de un palacio enteritos para que elos puedass observar y... leer... si es que sabes el idioma y de escritura cuneiforme :-). En fin, que tras un paso rápido por el arte griego y romano (al final acabas ya cansado de ver cosas bonitas) salimos muertísimos del MET.

¿Y ahora? ¿Que hacer en nuestras últimas horas en NY? Fue un gran dilema, la verdad. Al final decidimos hacer una cosa que teníamos pendiente y que nos parecía impredonable. Coger un barco. Salimos primero a buscar donde comer algo y acabamos en un sumermercado de lujo (estábamos en una zona muy cara de NY) cogiendo dos bocadillos de lujazo de a 10$ cada uno. Realmente espectaculares ambos. Cogimos el metro en dirección a Battery Park (el parque que hay en el extremo sur de Manhattan, justo debajo de la zona financiera).  Allí tratamos de coger el ferry hasta Liberty Island pero ya no había. La siguiente idea fue ir hasta el terminal del ferry de Staten Island (que es gratis) pero al final nos pareció que no íbamos a ver las cosas todo lo bien que nos gustaría así que fuimos al muelle 17 a coger el Water Taxi.

Tras una caminata de 20 minutos compramos lo tickets y nos subimos al barco. Lo primero que hace es dar una vuelta alrededor del distrito financiero. El guía te vana contando historias sobre los edificios y sobre Manhattan. A continuación se pasa muy cerca de Ellis Island, famosa porque era el punto donde los emigrantes llegaban al país. Después se acerca hasta Libery Island donde el barco se para delante de la estatua un buen rato para que te hartes de hacer fotos de la estatua desde bien cerca. Después pasa debajo del puente de Brookyn y del de Manhattan para que puedas hacer todavía más fotos y da la vuelta en el Brooklyn Navy Yard antes de volver a pasar bajo los puentes y dejarte de nuevo en el muelle 17. Mi recomendación con el barco. Si no queréis gastar pasta pillad el ferry a Staten Island, pero que no os digan que se ve igual que desde el Water Taxi. Ni de broma, vamos.
El ferry de Staten Island pasa bastante más lejos, no para y no te da una vuelta por el sur de la isla. Va, casi recto, hacia Staten Island. Pero claro, es gratis, y el Water Taxi vale 25$ por cabeza, que es una pasta, por 60 minutos de paseo. Si tenéis más tiempo hay unas visitas de la Circle Line que dan la vuelta a Manhattan y que duran dos o tres horas (hay una más larga y una más corta) por unos dólares más. Esó sí, toméis la decisión que toméis, tenéis que ver Manhattan desde el agua, ¡es impresionante!

A la vuelta cogimos otro metro hacia el norte. Estábamos pensando en ir a un musical pero estábamos ya muy derrotados así que simplemente paseamos un rato por la ciudad y paramos en Midtown Comics, la tienda de comics más famosa de NY. Siempre que voy a una tienda de comics me pasa lo mismo. Hay taaantas cosas que compraría que no se por donde empezar. Así que esta vez decidí que me pillaría la miniserie de Osborn que dibujó Enma Ríos (una conocida muy muy maja)  y que ha recibido muy buenas críticas en USA. De allí, muertos ya, bajamos hasta el apartamento a volver a pedir comida (visto que el sistema funciona estupendamente). Hoy tocó sushi variado y unos pocos gyoza y a ponerse a hacere la maleta hasta las tantas que había que asegurar las cosas para viajar en avión y había que transportar unas cuantas cosas nuevas.

Echaremos de menos NY!

martes, 17 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, Portaaviones Intrepid, Chinatown y Nolita (día 9)

Penúltimo día en NY. Todavía no nos hemos ido y ya vemos como se nos escapa el tiempo y nos da tiempo a nada... Esta ciudad es inmensa y son taaaantas las cosas por hacer que por unas cosas u otras no hemos podido hacer que antes de irnos ya deseamos volver. Hoy el día amaneció lluvioso. De hecho una fuerte lluvia nos despertó por la mañana, pero cuando finalmente salimos del apartamento había la típica lluvia fina que más que nada toca las narices y que hace que la visibilidad sea baja lo que nos estropeó los planes de coger un barco.

Salimos del apartamento en dirección al portaaviones Intrepid que está a poca distancia (para los estándares de NY) y como sabréis tengo cierta predilección por los aviones y los temas bélicos. Llegar al puerto y ver un barco tan grande en el muelle ya impresiona.
Nada más llegar y coger la entrada tuve la grata sorpresa de que en la entrada se incluía una visita al USS Growler, uno de los primeros submarinos en llevar misiles de crucero. Nos dirigimos allí de inmediato y estuvimos recorriéndolo por dentro admirando como vivía la gente dentro de tan poco espacio y los pocos lujos que se podían permitir. Salimos de allí con ganas de ver el portaaviones y subimos por un ascensor hasta la cubierta del hangar que es donde se comienza la visita. Al entrar nos advirtieron de que iba a comenzar una "experiencia audiovisual" sobre los combates en los que estuvo involucrado el navío con especial incapié en los ataques kamikazes sufridos. El asunto consistía en 5 pantallas proyectando la historia y un poco de efectos especiales en forma de luces y humo. Nada muy espectacular pero si que te ponía en situación sobre la historia del barco. Seguimos viendo el contenido del museo, subiéndonos a un pequeño helicóptero de rescate y viendo detalles de motores antes de subir a la chicha, la cubierta de vuelo.

Allí se puede ver una bonita colección de aviones. Si bien no es muy grande como la del museo de la RAF de Londres, si que tiene una colección bien seleccionada. Por mencionar algunos: F4 Phantom, Mig 21, Mig 17, F14 Tomcat, F16 Fighting Falcon, A-6 Prowler, Lockheed A-12 (el predecesor del SR-71 Blackbird). La verdad es que me lo pasé muy bien viéndolos y disfruté como un niño. Desde la cubierta se puede subir al puente de mando por donde hicimos un recorrido muy interesante pudiendo ver lo que ve el capitán de un barco tan grande y tan especial como éste.

Cansados de caminar por el barco cogimos un par de bagels en H&H Bagels y un poco de queso philadelphia para continuar camino. Cogimos el metro y nos plantamos en Canal Street, el corazón de Chinatown. Nos pusimos a pasear entre gente que nos ofrecía imitaciones de relojes o de bolsos de marca. En un principio, entrando desde el oeste, lo que veíamos eran muchas tiendas de souvenirs y de bolsos de plástico. Según íbamos yendo hacia el este lo que encontrábamos eran joyerías con cosas muy exageradas y carísimas.
Seguimos caminando metiéndonos en el barrio y curioseando por las tiendas de alimentación que exponen verduras desconocidas y cosas como ostras secas que tienen pinta de ser deliciosas para elaborar salsas y sopas. Vemos un par de pescaderías que exponen los peces vivos en cajas a las que cambian el agua con cierta frecuencia. Cogemos para comer unos bollos en una pastelería china (¡que ricos!) La verdad es que el día estropea un poco las cosas, pero es divertido pasear por Chinatown.

De allí comenzamos a subir por Little Itally hasta Nolita. Los de NY no se han comido mucho la olla con los nombres de los barrios en esta zona. Así, Soho es South of Houston, Noho como adivinaréis es North of Houston (Houston es una calle) y Nolita es North of Little Italy. De este tipo de cosas viene la coña de How I Met Your Mother con Dowisetrepla, un barrio inventado cuyo acrónimo significa Downwind of the sewage treatment plant. Nos dedicamos a pasear por las botiques del barrio buscando cosas especiales y de diseño e hicimos alguna pequeña compra. Eso sí, con nuestra predilección por los cupcakes paramos a coger un par en una pastelería y estaban deliciosos. Seguimos caminando e hicimos la segunda parada culinaria en un Pikberry. Esta cadena se dedica a popularizar el yogurth helado. Esta moda viene porque consiguen un helado libre de grasas que si te gusta el yogurth natural está delicioso y es más sano que el helado normal. Al propio helado te permiten echarle toppings que pasan por frutas, trocitos de chocolate, cereales... Una cosa así yo creo que podría triunfar en nuestras ciudades sin dudarlo. Cuando nos cansamos de caminar cogimos un taxi al apartamento.

 ¿Y la cena? Pues decidimos pedir una pizza desde casa, que suena estupendamente. Así pedimos una pizza online en Patsy's mediante un sistema que hay por aquí que agrupa a muchos establecimientos y te dice que establecimientos de tu zona te sirven a domicilio y te permite hacer un pedido. Un sistema casi perfecto para pedir comida a domicilio sin acumular folletos. Y así, comiendo una pizza estupendísima, acabamos este día.

lunes, 16 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, Museo de historia natural y Times Square (día 8)

Hoy se suponía que iba a haber tormentas y que haría mal día así que planificamos un día bajo techo. Salimos algo tarde del apartamento dado que ayer llegamos bastante tarde y necesitábamos descansar. Fuimos a coger el metro en dirección al museo de historia natural y a medio camino nos encontramos con que por culpa de unas obras no paraba hasta un montón de paradas después del museo, así que tuvimos que ir hasta la calle 125 (el museo está en la 81) y luego bajar lo que nos llevó mucho tiempo. Dado que en esta ciudad la gente de bien come de doce a dos y cena de seis a ocho (aunque para el turisteo muchos restaurantes se adaptan a cualquier horario) decidimos ir a probar una de las hamburguesas (si no la más) mítica de NY, la del Shake Shack.

Lo que empezó como un simple puesto en Madison Square Park va camino de convertirse en un emporio en NY (ya tiene 4 restaurantes y los cuatro abarrotados). Estuvimos esperando unos veinte minutos para conseguir pedir un par de hamburguesas. Bea se tomó una doble con queso y yo me pedí una especial que hacen ellos que tiene un piso de hamburguesa de carne y el otro es un rebozado marca de la casa relleno de champiñones portobello y una mezcla de quesos.
A compañando todo esto un par de raciones de patatas y unas bebidas. Sólo puedo decir una cosa, la hamburguesa que tomé yo ha sido la mejor de mi vida y con una diferencia abismal. El sitio se jacta de que no usa grasas trans, de que la carne no tiene antibioticos y que todo lo que usan para decorar es reciclado. Muy verde todo y "saludable" dentro de lo que cabe. Recomendable al 200% el sitio y además no es muy caro. Como anécdota deciros que cuando haces el pedido te dan un cacharro bastante grande que vibra cuando tu pedido está listo. Así puedes ir buscando donde comer la hamburguesa ya que el sitio no es muy grande y está abarrotado.

Con el estómago lleno nos fuimos al museo de historia natural. Compramos dos entradas con acceso al planetario y a toda prisa nos fuimos a ver el museo. Recorrimos primero la parte de los mamíferos americanos y rápidamente nos dimos cuenta de que medio museo sin dioramas de cosas disecadas lo cual no es que nos parezca mal, sobre todo a nivel educativo, pero nos la trae al pairo con la prisa que teníamos y lo grande que es el museo.
Así que rápidamente nos fuimos a la parte de la geología a ver minerales y sobre todo, ¡los meteoritos! Cuando llegó la hora subimos al planet-ario y nos sentamos para disfrutar de media hora de narración de Woopy Goldberg sobre las estrellas. Tanto las imágenes como el sitio fueron estupendos, con asientos que vibraban en ciertos momentos para añadir dramatismo. Salimos de allí en cuanto terminó corriendo para ver los dinosaurios, que nos encantan.
Paseamos en los 45 minutos que nos quedaron las salas de dinosarios babeando con las cosas allí expuestas. Aprovechamos hasta el último minuto antes de que prácticamente nos echaran de allí y nos dirigimos hacia Times Square ya que los domingos todo cierra antes y esa es la zona con más vida.

Bajamos desde el muso por Columbus Avenue mientras caía una lluvia muy fina que no molestaba en damasía. Bajando por el camino nos encontramos con una sucursal de la Magnolia Bakery, famosa por salir en la serie Sexo en Nueva York. No pude pasar la oportunidad de tomar un cupcake (mira que me gustan) mientras seguíamos calle abajo y la lluvia comenzaba a arreciar. Esperamos un poco en los soportales a que parase y seguimos como pudimos hasta meternos en una tienda para que pasara lo peor. Cuando salimos todavía llovía algo y nos metimos en un centro comercial en Columbus Circle. Allí acabamos metiéndonos en una showroom de Samsung, probando los nuevos tablets (le falta algo a los tablets android para llegar al ipad) y yo jugando un rato al starcraft 2 en un un PC que tenían con cinco monitores, un equipo de sonido del copón y una silla que si pudiera me llevaría a casa. Cuando cerró salimos hacia
Times Square con intención de caminar un poco más y buscar donde cenar. Nos dimos una vuelta por las tiendas y Bea hizo unas compritas en la tienda de M&Ms de tres pisos que hay en la plaza antes de sentarnos y consultar los restaurantes de la zona en la wifi gratuita que Yahoo regala en la plaza.

Tras buscar un rato acabamos en un japonés bastante chulo donde en vez del típico sushi aprovechamos la estupenda carta para cenar, al estilo oriental, seis platos. Una sopa con gyoza, unos encurtidos, unas bolas de pulpo, una caballa seca a la placha, unos pinchitos de vieira y una ensalada de sashimi con vinagre de arroz fueron la comida que terminó el día de una forma absolutamente estupenda. Además me dio por pedír sake con gas que vi en la carta y la verdad fue un compañamiento estupendo para cena que tomamos. Tras terminar, cogimos un taxi que nos paró delante para dejar gente (¡nos ha pasado tres veces ya!) y nos fuimos al apartamento. ¡Mañana más!

domingo, 15 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, Soho y el Empire State (día 7)

Hoy la previsión meteorológica era bastante regulera. Se suponñia que hoy podía llover algo pero la gente parecía pasar de ello y no vimos ni el primer paraguas en al calle ni la gente con ropa de abrigo así que no nos preocupamos mucho por ello. Bajé a coger para desayunar nuestro primer new york cheescake. La verdad es que estaba bueno de narices y se parecía bastante a uno que hago yo a veces que es muy denso y pesado. No os imagineis una tarta de queso suave que se deshace en la boca, esto es más bien algo denso y pesado. Acabamos de tomar nuestros pedazos en el apartamento y cogimos un metro en dirección al sur, hacia la zona del Soho.

El metro nos dejó en la zona del West Village cercana al Soho, llena de bares, restaurantes y sitios para hacerse tatuajes. Bajamos la calle y de repente el paisaje cambió de golpe. Los edificios pasaron a ser metálicos, con pisos de techos altísimos y cristaleras rectangulares con las típicas escaleras de incendios exteriores. Los bajos de los edificios se llenaron de tiendas. Dependiendo de la zona podías encontrar pequeñas tiendas con cosas de diseño, tiendas de muebles de locura o grandes cadenas internacionales.
Nos pusimos a loquear y pasear perdiendo un poco el rumbo y parando en algunas tiendas de diseño que siempre nos encantan. Paramos en una de Kidrobot que nos gustó especialmente por el diseño tanto exterior como interior de la tienda y por las tonterías que había dentro. Seguimos dando vueltas y haciendo fotos, entrando en tiendas aquí y allá hasta que el cuerpo nos pidió comer.

Nos pusimos a buscar pues un sitio donde comer sentados y descansar las piernas. Encontramos una cafetería de una cadena que tiene cosas chulas y nos sentamos a comer una ensalada de algas y unas tostas (atún, humus, pesto y alubias blancas la de Bea y la mía era de curry de pollo con chutney de arándanos y albahaca) para compensar la tarta anterior.

Comimos con calma antes de seguir paseando el barrio. Acabamos en Broadway que a su paso por el Soho está llena de tiendas de todo tipo. Paseamos una tienda de ropa de montaña, una que tenía miles de camisetas, unas cuantas cadenas y cientos de zapaterías. Cuando cerró el comercio (a eso de las nueve de la noche) bajamos hasta Little Italy a cenar. Acabamos en un restaurante bastante cutre que parecía sacado de la serie "Pesadilla en la cocina" llamado Mambo italiano. Había mil camareros andando como pollos sin cabeza y sin hacer nada productivo, nuestra mesa fue atendida por cuatro camareros distintos y nos pidieron dos camereros distintos las bebidas. La comida era bastante regulera y había jazz en vivo pero no es que fueran una maravilla tocando. Resumiendo, la típica trampa para turistas en toda regla. Que se le va a hacer, no todos los días se va a tener suerte... En general el nivel de servicio en las tiendas y en los restaurantes en esta ciudad es extraordinario (lo pagas pero lo tienes), en este caso fue el peor que hemos tenido hasta ahora con diferencia.

Con un poco de mal sabor de boca decidimos ir andando hasta una tienda de comics llamada Forbidden Plante (una sucursal de la original de Londres) que sabíamos cerraba a las doce de la noche los sábados. Estábamos a la altura de la calle cuarta y había que llegar a la 13 y nos parecía cerca. La verdad es que es una pasada caminar de noche por la ciudad. Hay casi tanta gente como de día y muy buen ambiente. La sensación de seguridad en la calle es total y ves a la gente charlando en los jardines, yendo de restaurantes o a bares en los que se sirve comida hasta altas horas. Llegamos a la tienda y nos dimos una vuelta por ella antes de decidir que sería una buena idea subir al Empire State. Sin mucha confianza en que hubiera entradas a esas horas para subir, decidimos dirigirnos allí, subiendo otras 21 calles hacia el norte.

Cuando llegamos nos dimos cuenta de que quizás hubiera algo de niebla a esa altura pero subimos igual. Decidimos no subir al piso más alto (te ofrecen pagar 22$ por subir a la terraza del piso 86 o pagar 37$ por ir al piso 102 en lo alto de la torre) porque con la niebla que había ir más alto podía significar ver menos. Tras comprar los tickets y pasar el control de seguridad subimos en el ascensor a toda leche (aunque este es menos espectacular que el del Rockefeller Center) hasta el piso 80 y de allí otro ascensor te lleva al 86. Salimos a la terraza y si bien había algo de niebla, ésta iba y venía con lo que pudimos disfrutar igualmente de la vista nocturna de la cidad. De hecho la niebla hasta le daba un encanto a la vista en plan de película de misterio realmente interesante.
Cuando nos cansamos de hacer fotos, grabar video y dar vueltas maravillados por la vista, nos fuimos para el apartamento andando también. ¡Vaya pateadas estamos haciendo! Si alguien me preguntase que prefiero como vista desde un rascacielos de Nueva York no sabría por cual decidirme. Sinceramente yo iría a los dos. Cada uno tiene sus cosas. Desde el Rockefeller se ve mejor la zona de Grand Central Station y se ve perfecto Central Park. Desde el Empire State se ve muy bien el río, las avenidas (sobre todo se ve la quinta de arriba a abajo perfectamente y el Downtown. Si teneis que escoger uno pensad que es lo que quereis ver pero lo ideal es ver ambos.

sábado, 14 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, Central Park y concierto de los Twilight Singers (día 6)

Hoy el cielo amaneció cubierto pero con un día caluroso. Llevamos todos estos días con más de veinte grados y con una humedad alta lo que hace que la sensación térmica sea superior. Quizás lo peor a veces sea el viento. Hay que contar que esto aunque muchas veces no te des cuenta es una isla y los rascacielos hacen cañones que dan velocidad al viento. En algunas zonas este viento puede llegar a dar frío. En fin, que nos levantamos, cogimos sendos muffins para desayunar y nos fuimos en metro hacia la parte alta de Central Park.

Que decir de este parque que no se sepa. ¡Es inmenso! ¡Brutalmente inmenso! Quizás lo único que disturba la tranquilidad del parque es el paso constante de aviones y helicópteros que cuando uno está rodeado de coches y gente no se nota, pero en la tranquilidad del parque se hace sentir. Empezamos a recorrer el parque desde la calle 96 (para que os hagais una idea, el parque llega desde la calle 59 hasta la 110). Empezamos a bajar bordeando lagos y estanques, pasando por el jardín de Shakespeare, el castillo de Belvedere, la gran explanada de cesped donde un montón de escolares jugaban al beisbol y al fútol americano (la verdad es que dan ganas de jugar al beisbol, parece muy divertido).
De allí bajamos por el parque a la zona del lago (The Lake) donde la gente navegaba con botes alquilados por él. Seguimos camino hacia el final y nos paramos a ver un espectacúlo que mezclaba humor, break dance, algo de mala leche para que la gente se animase a soltar pasta (normal) y salto acrobático por encima de cuatro voluntarias. La verdad es que nos pasamos un rato divertido viéndolo. Desde allí caminando llegamos al final del parque en la esquina sureste del parque en la quinta avenida.

Decidimos buscar donde comer y nos fuimos hacia la zona de la tercera avenida, que no habíamos visto todavía. Caminando por la zona vimos el centro comercial Bloomingdales y nos hizo coña porque era donde curraba Rachel en Friends así que entramos a curiosear más que nada, porque es un sitio bastante caro y exclusivo. Era ya bastante tarde y estábamos sin comer de verdad y con ganas de sentarnos así que nos dirigimos a un restaurante para el que tenía yo un cupón de Groupon que había comprado desde España. Para los que no lo conzcocais Gorupon es una compañía que empezó con esto de los cupones de descuento para los que tienes un corto tiempo para comprarlos y bastante tiempo para gastarlos.
Para que os hagais una idea, para este restaurante tenía un cupón por el cual yo gastaba 25$ y ellos a cambio me daban 50$ para gastar en este restaurante. No está nada mal, eh? En fin, que llegamos al restaurante en cuestión (Sprig) a eso de las cuatro de la tarde, que en España ya es tardísimo pero en Nueva York es como comer a las seis de la tarde de España. Tuvimos la suerte de que este restaurante está integrado dentro de un rascacielos y tiene servicio continuo. Nos sentamos a comer viendo la calle desde una cristalera y degustando de primero un tartar de salmón y luego Bea se tomó un bacalao y yo un entrecot muy ricos ambos. Aproveché para probar otra cerveza local después de la Sam Adams de ayer. Esta era la Brooklyn Lager que estaba deliciosa. Estoy tratando de probar cervezas locales huyendo de lo típico que además sabe bastante mal (Miller, Coors o Bud) y esta vez acerté de pleno. Nos tomamos el postre y nos fuimos andando, con bastantes narices, desde la calle 54 con la tercera avenida hasta nuestro apartamento (calle 30 con la novena aproximadamente).
Resumiendo, una tirada realmente importante de unos 4 Km. Por el camino nos encontramos con una super tienda de juegos de rol y de tablero que no me quise perder, aunque fuera solo paara curiosear porque en las maletas no caben las cosas...

Llegamos al apartamento con el tiempo justo para dejar la cámara, cambiarnos  y bajar en taxi hasta el concierto. Los taxis en esta ciudad son curiosos. Hay muchísimos. En la calle seguramente si contaras los coches a muchas horas habría más taxis que coches particulares. Tardas como mucho un par de minutos en que pare uno y son baratos. Un trayecto que sería el equivalente en Coruña a ir hasta Santa Cruz y de noche nos ha costado 12$ propina incluida (unos 8€). Comparad el poder adquisitivo y es que resulta baratísimo. Aquí muchísima gente se mueve en taxi (sobre todo de noche). En fin, que llegamos a la sala y el concierto se había retrasado una hora. Decidimos ir caminando para hacer el tiempo hasta Union Square, famosa por los mercados de granjeros de la zona de Nueva York  que hay varias veces por semana. Hoy lo que había era mucha gente descansando y viendo espectáculos callejeros. Dimos una vuelta por la zona echando un ojo a tiendas particulares como una gigante que había de disfraces y otra no menos grande de ropa gótica. Cuando vimos que llegaba la hora volvimos a la sala y entramos.

No se como describiros la sensación al entrar allí. La sala está en lo que parece un antiguo teatro pero es un primer piso, lo cual ya choca. Las paredes desconchadas y la luz daban al local un aspecto cutre pero con solera, no se como describirlo mejor. Es como ver una película antigua, que se ve ya cutre pero que tiene un encanto que las hace diferentes. Eso sí, el equipo de audio no era ni cutre y antiguo. Nos dimos un paseo por el local observando como las máquinas de hielo seco ayudaban a la iluminación de toda la sala. Poco después de llegar empezaron los teloneros, un grupo llamado Margot & The Nuclear So & So's del que no había oído hablar nunca. Siempre me ha gustado llegar a conciertos donde no conoces a algún grupo y descubrirlos, a veces te llevas sorpresas agradables. En este caso la verdad es que lo hacían bastante bien y nos lo pasamos genial con ellos. Eso sí, el plato fuerte de la noche lo dieron los Twilight Singers. Ante un público entregado, sonando muy contundentes y muchísimo mejor que en disco dieron casi dos horas de concierto que han sido absolutamente espectaculares. Además pudimos disfrutar del concierto en segunda fila y sin agobios y el sonido de la sala era de lo mejorcito que he oído. No se si será la tónica general en los conciertos en locales pequeños en USA pero la verdad es que en este era como si la gente respetase el espacio personal de cada uno y no se pegara unos a otros. Curioso cuando menos ya que había bastante gente pero la gente no te apretujaba hacia delante. Del concierto salimos muertos tras la pateada mañanera así que cogimos algo de comer en un KFC y nos fuimos al apartamento a descansar para mañana.

PD: Blogger ha tenido problemas estos días y ha borrado (esperemos que no definitivamente) algunos comentarios. ¡Gracias por escribirnos! No se si tendremos tiempo para ir al Bronx o a Harlem. Lo intentaremos, ¡sobre todo lo segundo! Una misa un domingo por la mañana en Harlem tiene que ser especial. Lo malo es que Manhattan es enorme y hay taaaantas cosas que ver que por mucho tiempo que tengas no te va a llegar. Para conocer solo un poco esto necesitas un mes.

Un viaje muy especial, Rockefeller Center y un poco de todo (día 5)

Hoy nos levantamos con un buen día y nos fuimos a caminar con intención de subir a un rascacielos. Salimos primero hasta B&H, una megatienda de fotografía, video y electrónica que tenemos a dos manzanas escasas del apartamento. Solo puedo decir de ella que es absolutamente alucinante y lo bien que está montada. Hay mil empleados que te ayudan y contestan a cualquier duda. Hay mil modelos de todo lo que quieras elegir (hasta equipo de cine para la 5D mk II) y cuando eliges algo el dependiente de da un ticket. Con él vas a un dependiente que está en un mostrador con unos 50 puestos (literalmente) y él solicita al almacén lo que hayas pedido (que le llega mediante una caja que va por una cinta transportadora hasta su puesto). Allí lo ves delante, él te toma los datos y hace que, mediante cintas por el techo, el paquete llegue hasta una zona de recogida en la entrada. Te dan un ticket para que vayas a caja (que está al lado de la zona de recogida) y cuando pagas con ese ticket en caja te grapan otro de que has pagado y vas a la zona de recogida donde te dan el paquete y te vas. Suena un poco lío pero cuando lo haces lo ves normal y natural y te permite ir haciendo varias compras sin cargar con nada. Además para ellos es super seguro, porque tu no debes llevar nada de material hasta la puerta de salida. La cantidad de material que vende esta gente es absolutamente alucinante...

En fin, de ahí salimos hacia la tienda AT&T para ver si finalmente tengo un número americano con tarifa de datos. Cuando llego a AT&T me dicen que ellos no me pueden ofrecer datos en prepago y que lo sienten (todavía a día de hoy no tengo claro si esto es cierto o es que el dependiente que me tocó era negado). Seguí probando suerte en verizon pero allí me dijeron que en USA solo operan con tarjetas SIM AT&T y T-mobile, así que me fuí a esta pero había tanta gente que nos fuimos y lo dejamos para más adelante.

Seguimos por la calle 34 haciendo compras y subimos por la sexta camino del Rockefeller center, desayunando en un Dunkin Donuts (por primera vez en el viaje) . Por el camino nos paramos a ver Grand Central Station y nos quedamos un rato haciendo fotos y observando el hall.
De allí derechitos al Rockefeller no sin antes parar a comer nuestros dos primeros perritos callejeros. ¡Deliciosos!

Tras una caminata llegamos al edificio y cogimos las entradas. Eran las dos de la tarde y aunque había gente no era una cola larga en absoluto (supongo que al anochecer/amanecer habrá más gente). Subimos tras 42 segundos de subida en la que recorres 67 pisos viendo através del cristal del techo el hueco del ascensor a la vez que se proyectan cosas en el techo de cristal del ascensor. Una vez arriba salimos del ascensor para subir a la primera terraza, que está rodeada de cristales de metacrilato. Dimos la vuelta y vimos una subida a una terraza superior que no tenía las barreras de protección.
De esa forma pudimos hacer unas fotos estupendas y maravillarnos de la ciudad que teníamos a nuestros pies. Para más coña había una pareja haciéndose fotos de boda allí mismo, realmente curioso. Bajamos del ascensor y cogimos un sandwich para comer en una cadena de panaderías.

Cuando nos cansamos cogimos un metro para dirigirnos hacia el puente de Brooklyn. era nuestro primer viaje en metro y nos habían contado de todo de él. Que si la gente tiene pintas raras, que si está sucio, que si es complicado... Paparruchas. El metro es raro porque no va muy profundo y las estaciones son enormes y larguísimas. El metro limpio no está, pero la calle tampoco,así que tampoco se puede pedir más. Y las pintas en el metro las mismas que en la calle, inofensivas. La verdad es que supongo que los barrios de los alrededores serán jorobados a nivel de crimen, pero en Manhattan uno se siente seguro en la calle a cualquier hora del día. Salimos del metro en Grand Street (chinatown) y bajamos en dirección al Pier 17. Por el camino yo me quedé pillado viendo las frutas exóticas y la cantidad de comida china que se ofrecía en plena calle. Paramos en una panadería china y no me preguntéis que comimos porque realmente no lo sabemos :-). De allí caminando por Bowery St. llegamos tras un par de cambios de calle al Pier 17 para ver si cogíamos un Water Taxi.

Nuestro gozo en un pozo porque llegamos a las 5:01 y salía  a las 5. Estaba todavía en puerto y el de la taquilla trató de llamar al barco para ver si podía retrasar la salida un minuto para esperarnos pero no quiso, así que dejamos lo del barco para otro día porque teníamos que esperar hasta las ocho menos cuarto y hacía algo de frío. Descansamos un rato en el muelle para ver si recuperábamos fuerzas y nos protegíamos algo del viento frío que se había levantado y nos dirigimos hacia Wall Street.

Allí nos encontramos con un poco de follón (parecía una manifestación) y alucinamos con el despliegue de seguridad que hay en la zona. Paré un momento en una tienda de T-mobile y por fin conseguí mi número americano (aunque con una conexión edge nada más, que no es cutre ni nada...) y tuve una conversación con el dependiente sobre la rom que tenía instalada en el Galaxy S (me tocó el dependiente freak).  Mientras estaba allí Bea estuvo viendo parte del lío y como llegaban un montón de bomberos no sabemos todavía muy bien porqué. Caminamos por Wall Street para ver el edificio de la bolsa y seguir viendo el despliegue (os juro que había más policía que gente en la calle).

Seguimos hacia la zona 0 para ver como estaban levantando ya lasa sustitutas de las torres gemelas y las placas que habían dejado en memoria de los caídos las que vimos eran principalmente de bomberos porque las vimos en la pared de la estación de bomberos que hay allí pegada). Seguimor por la zona y entramos en una especia de outlet de marcas. Había precios realmente buenos pero estábamos cansados así que decidimos no comprar nada y coger un metro hacia Times Square para verla de noche.

Cuando llegas y ves todas las luces encendidas de noche (de día también están pero lucen menos) es impresionante. Todos los escaparates tienen cosas moviéndose ya sean leds o proyecciones. Edificios enteros proyectados, carteles iluminados con animaciones llamando la atención... de todo. Estuvimos dando vueltas sobre donde comer y sólo sabíamos una cosa, que queríamos una hambuerguesa. Como no quisimos dar muchas vueltas acabamos en el Hard Rock Café. Nos tomamos sendas hamburguesas con una cerveza de Boston (por aquello de probar lo local). Aceptable es la palabra que las definiría.
No estaban nada mal pero no eran nada espectacular ni especial, habrá que seguir en la búsqueda de una hambuerguesa espectacular. Eso sí, cenar al lado de la letra de "Breaking the law" y "Another thing comming" escritas de puño y letra de Rob Halford da algo de caché al asunto. Reventados y muertos de cansancio llegamos a las 12 de la noche al apartamento después de haber pasado todo el día de caminata.

viernes, 13 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, empezando a recorrer los barrios (día 4)

Hoy nos levantamos pronto y nos pusimos a patear hacia el sur del apartamento. Comenzamos a caminar hasta Broadway y empezamos a bajar por ella en dirección al Flatiron buscando por el camino un sitio para desayunar. Entramos en una cafetería con una pinta buenísima pero nos dijeron que estaba cerrada hasta las 11:30. Costumbre curiosa que tienen algunos establecimientos aquí de tener la puerta abierta y estar cerrados...
Seguimos camino hacia el Flatiron y vimos unos puestos de comida en una placita que hay delante del edificio. Allí me dirigí a coger un Pretzel gigante que devoré con la ayuda de Bea. De allí nos fuimos a hacer fotos delante del edificio  y a pasear por el Madison Square Park. Volvimos a Broadway y Bea se fijó como entraba muchísima gente a una cafetería así que entró a curiosear. La cafetería era de la marca de café italiano Lavazza y era una macrotienda de productos italianos y hacían café de verdad. Bea se pilló un capuccino descafeinado y seguimos hacia el sur después de pararnos otra vez a maravillarnos con el Flatiron.

Seguimos desde allí hacia el sur por la quinta avenida. viendo escaparates de
tiendas de diseñadores y decidimos parar en una librería de Barnes & Noble ya que tonto de mí me dejé el mapa plegable de la ciudad que había comprado en Amazon en casa. Aprovechando la visita compramos un par de tonterías y seguimos camino parando en Adorama a comprarme una cámara nueva. ¡Que fácil es hacer compras en un sito como este teniendo las cosas claras! Una vez hecha la compra paramos a tomar algo y a desempaquetarla en una librería infantil que tenía en la propia librería una cafetería con cupcakes muy ricos. Descansamos las piernas un rato sentados allí antes de seguir bajando por la quinta hacia el sur.

Según bajábamos veíamos como cambiaba el paisaje. De grandes rascacielos y bullicio a una zona más tranquila (al menos un miércoles a la hora de currar). Veíamos como los currantes bajaban de sus despachos a furgonetas en la calle que ofrecían muchos tipos de comidas para llevar. Llegamos al Washington Square Park y nos desviamos antes de llegar hacia la calle octava buscando una tienda de cosas raras japonesas. Como no sabíamos a que altura de la calle estaba nos fuimos hacia el oeste y nos metimos un poco en el west village. El cambio de ambiente todavía es más pronunciado. De repente la calle se llenó de tiendas de ropa vintage, de cuero y de sombreros... Como no la encontramos bajamos por la sexta avenida y giramos hacia el wl Wasington Square Park de nuevo. 
Nos sentamos en él un ratillo mientras escuchábamos como dos músicos tocaban jazz y como las palomas y las ardillas correteaban por el parque sin muchas preocupaciones por la gente que allí había. Salimos del parque no sin que antes varias personas nos ofrecieran echar una partida de ajedrez en una zona del parque habilitada para ello camino de la parte este de la calle octava. Allí finalmente encontramos la tienda en cuestión (llamada AC Gears) situada al lado de una tienda de cocina en la que ya no quise entrar porque me daría muchísma pena ver cosas estupendas que no me voy a poder llevar por falta de sitio en la maleta... En AC Gears tenían cantidad de cosas chulas para los fanáticos del diseño. Sobre todo tenían una selección de auriculares de diseño maravillosos y un montón de tonterías para puertos usb (¡hasta un estañador! ).

Salimos de allí y nos fuimos bajando por la cuarta avenida hasta Cooper Square. Allí, en una calle aledaña paramos en una minitienda de videojuegos retro llamada videogamesnewyork (así escrito todo junto). Para el que le gusten los juegos antiguos es una maravilla. ¡Había de todo! Game & Watch en perfecto estado, Vectex, Intellivision, Virtua Boy, Neo Geo, la Game Cube de Panasonic, Turbo Grafx, Lynx... y cientos de cartuchos para cada sistema. Despues de unas compritas en la tienda nos cogimos un taxi y nos fuimos al apartamento a dejar las compras y descansar antes de bajar por la tarde. La verdad es que los taaxis en Nueva York para la ciudad que es no son nada caros. Estuvimos unos 20 minutos en el taxi y nos cobró 11 USD, que al cambio vienen siendo unos 8€.

Por la tarde salimos de apartamento y decidimos bajar hasta el High Lane Elevated Park, unas antiguas vías elevadas de ferrocarril convertidas en un parque en altura. Antes de llegar paramos en un deli a coger unos suculentos bocadillos y algo de beber antes de ir al parque. Cuando llegamos vimos que las subidas estaban cerradas y supusimos que el parque estaba cerrado. Nuestro gozo en un pozo. Visto lo visto decidimos ir hacia el río, que llevábamos ya unos días en la ciudad y no lo habíamos visto. Fuimos pues hacia el Chelsea Waterside Park en el que la gente o bien estaba tirada en el cesped descansando o estaba haciendo footing.
Caminamos un rato por el parque viendo a lo lejos la estatua de la libertad y parándonos en un skate park donde había gente haciendo cosas realmente espectaculares con las tablas de skate. Seguimos bajando por el parque pegados al Hudson y llegamos a los Chelsea Piers, unos antiguos muelles convertidos en una zona deportiva con boleras, gimnasios y un muelle desde el que parten rutas muy exclusivas en barco (a vela, con cena, en plan crucero...). Una cosa bastante curiosa de los Chelsea Piers es la zona de práctica de golf como la de las películas. Un gran campo de cesped artificial al que gente desde cubículos situados en varias plantas de altura lanza pelotas de golf para practicar. Nos quedamos viendo un rato como la gente lo hacía antes de echar un ojo al mapa para ver que hacer luego.

Cuando observamos el mapa vimos que el parque que nos parecía cerrado realmente lo
estaba sólo parcialmente ya que no está totalmente finalizado. Desandamos un par de calles y subimos para encontrarnos con un aprovechamiendo genial de una estructura que en su día estoy seguro que afeaba la vista. Ahora es un espacio con bancos de diseño que encajan en el ambiente perfectamente, de plantas que dan mucha vida y de tumbonas puestas para observar la puesta de sol sobre Nueva Jersey. Nos quedamos un buen rato viendo los recovecos del parque antes de bajar hacia el Metpacking District. Este distrito hace no tanto era una zona peligrosa llena de antiguos almacenes abandonados. Ahora mismo es lo más de lo más. Está lleno de galerías de arte y de restaurantes y bares chics y caros. Todo esto en medio de boutiques de moda exclusivas. Todo esto a base de reformar (al menos parcialmente) lo que antes eran mataderos y almacenes de carne. La verdad es que es digno de ver aunque solo sea para pararse y observar a la gente desde una terraza.

Seguimos subiendo en dirección al apartamente através de Chelsea (nuestro apartamente está al borde norte de este barrio). Subimos por la novena avenida viendo lo que es un auténtico barrio de Nueva York, lejos del ajetreo de más al norte. Muchos restaurantes abarrotados encontramos por el camino, la verdad. Paramos antes de llegar en el Chelsea Market, un mercado dentro de un edificio restaurado que es realmente bonito. Ahora está lleno de restaurantes, alguna tienda y un amplio surtido de carnes, pescados, frutas y verduras y que no falten el pan y los cupcakes. Llenamos la cesta de la compra de fruta y yogur y nos fuimos al apartamento a descansar para coger fuerzas para mañana.

PD: ¡Fotos subidas!

miércoles, 11 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, llegando a Nueva York (día 3)

 Hoy más que un día ha sido un día y unas cuantas horas. Llegamos al aereopuerto bien prontito. Dejamos el coche a eso de las 5 y media en un parking de larga estancia que está en la terminal 3 del aeropuerto Charles de Gaulle de París. Aún estando en la terminal está bastante lejos y por eso es mucho más asequible que los demás. Fuimos andando desde el coche hasta el metro gratuito que nos llevaría a la terminal 2E, desde donde salía nuestro vuelo. Facturamos las maletas y nos fuimos a hacer el tiempo a una cafetería y luego a unos sofás. La terminal 2E del CDG está renovada hace no mucho y es una pasada. Amplia, bonita, con un montón de puntos con enchufes donde cargar cualquier aparato electrónico que traigas para entretenerte o trabajar y con una wifi (de pago eso sí) que va como la seda. Tras hacer el tiempo allí embarcamos en el Airbus 330 camino de Nueva York con Bea nerviosa y preocupada debido al vuelo.

El vuelo al final fue tranquilo y apacible. Salimos de París con un tiempo estupendo y despegamos sin turbulencia alguna. De hecho en todo el viaje sólo tuvimos un par de ratos de 5 minutos a lo sumo con turbulencias suficientes como para que nos hicieran poner los cinturones de seguridad. La verdad es que estar encerrado más de 8 horas en un avión es un coñazo insufrible. Por mucho que puedas escoger películas estás 8 horas encerrado en un asiento que acaba destrozándote. Yo empecé un par de películas y las dejé a medias para acabar viendo casi entera "Red". Bea tras dormir casi medio viaje se vio dos películas enteritas. Aterrizamos el JFK a la hora prevista y sin contratiempo alguno. Eso sí, alguien debería decirles para la gente con miedo a volar que te pongan una cámara delantera para mostrarate el aterrizaje no es muy buena cosa.

Llegamos al JFK y lo primero que hicimos fue pasar por inmigración. La gente te cuenta historias terroríficas y que son unos bordes, etc. La verdad es que no tuvimos problema alguno. La chica que nos tomó las huellas y las fotos hasta se mostró a ratos medianamente simpática y ni nos miraron las maletas al entrar en el país. Cogieron la declaración de aduanas y nada más. Salimos a la calle a coger un taxi que nos llevara hasta el apartamento que cogimos, muy cerca del Madison Square Garden. Lo del taxi como mucha gente me había advertido fue la primera aventura. ¡Que mal conduce la gente en NY! Parece que todo el mundo juega a aquello de ver a quién le duele menos el coche. Nuestro taxi de hecho estaba para el arrastre, con unas cuantas abolladuras bien visibles. La gente pita mucho, se cuela, se cambia de carril sin mirar... A ver como conduce la agente en la otra costa, porque aquí madre mía. Por el camino, entre pitidos y frenazos pudimos ver acercarse la estampa de Manhattan, con los rascacielos impresionando ya a lo lejos.

Llegamos al apartamento, dejamos las cosas y aunque derrotados nos fuimos a caminar por la ciudad sin un rumbo predeterminado. Simplemente queríamos aprovechar lo que pudiéramos del día mientras tuviéramos fuerzas para tomar contacto con la ciudad. Nada más comenzar a caminar decidimos comer ya con horario americano (eran las 12:30 y es hora de comer aquí). Paramos en un sito de bagels y bocadillos a comer algo especial para arrancar bien el día. Yo comí un bagel de ajo con queso crema (estilo philadelphia pero de cabra) y... piel de salmón churruscada! Bea se tomó un bocadillo de fillet steak que daba gloria verlo. Nos cogimos unas cuantas bebidas raras y seguimos camino séptima avenida arriba, dirección Times Square. Por el camino paré en una tienda de AT&T para ver si conseguía una tarjeta sim para el móvil con datos. Me fui con mi gozo en un pozo porque me la vendían pero como el móvil ellos no lo tenían en su catálogo no me podían configurar la conexión y la tenía que buscar yo por internet. Como no estaba seguro de que la pudiera encontrar lo dejé correr (ahora mismo ya la he encontrado así que mañana me pasaré por allí).

Seguimos subiendo por la séptima y cuando se cruzó con Broadway decidimos cambiar de calle. Llegando a Times Square ya se empieza a respirar el ambiente. Un cruce de caminos lleno de edificios a cada cual con el cartel más espectacular. Algunos incluso se podría decir que todo el edificio es un cartel en sí mismo. Nos sentamos en las escaleras de la plaza a observar a la gente y mientras esperábamos apareció una pareja que se casó allí mismo. La verdad es que nos quedamos un poco pillados en plan de "oye esos se están casando, no?". Cuando recuperamos algo de fuerzas seguimos subiendo camino de Central Park por Broadway.



Cuando llegamos a Columbus Circle (una esquina de Central Park) nos reafirmamos en una cosa que pasa en Nueva York. Cada dos pasos alguien quiere venderte algo. No es solo que te lo quieran vender, es que insisten en ello y da igual que haya 20 tipos que te quieren alquilar una bici y que a los otros 19 les hayas dicho que no y él te haya visto. Lo va a intentar igualmente. Entramos en Central Park y nos tumbamos bajo unos árboles a descansar otro rato y ver los rascacielos através de los árboles. Al cabo de un rato paseamos un pequeño trozo del parque (ya tocará venir a verlo en profundidad) y recorrimos la parte de juegos infantiles y la zona de juegos de pelota donde había unas niñas jugando al softball. Estuvimos viéndolas un rato observando las indicaciones de las entrenadoras y como se comportaban todas. Salimos del parque tras un rato de paseo más y empezamos a bajar la quinta avenida.

En la quinta caminamos delante de grandes joyerías y tiendas de ropa de firmas. En el medio de ellas destacaban H&M, GAP y Zara. Paramos en la juguetería donde se rodó Big (que viene viendo en el avión un rato) para curiosear y había alguna cosas chula chula, como un futbolín de barbies (xD) o una serie de Barbie de Mad Men. Seguimos bajando la quinta hasta desviarnos hacia la Rockefeler Plaza donde nos sentamos un ratito tratando de decidir si subíamos hoy a lo alto de la torre o lo dejábamos para otro día. Finalmente decidimos que mejor en otro momento con más fuerzas y seguimos caminando. Paramos un ratito en la tienda de Nintendo para ver delante funcionando la nueva 3DS, que todavía no había visto delante. De ahí bajamos por la sexta avenida camino ya del apartamento. De repente vimos la tienda oficial ¡del canal HBO! ¡No nos lo podíamos creer! Compramos algo de merchandishing de series de HBO (adivinad de cual me compré yo cosas) y seguimos camino del apartamento. Por el camino compramos la cena, un poco de pizza un sandwich y un poco de fruta para comer algo un poco sano, que si no... Cenamos ya muertos de cansancio viendo la tele (tenemos unos 800 canales literalmente en la tele por cable, ahora mismo estoy viendo Atlanta @ Chicago de la NBA en la TNT xD). Ahora a dormir y mañana más.

Un viaje muy especial, on the road again (día 2)

Despertamos en Burdeos bien tarde y salimos con calma. Por delante un día de turismo por Francia sin saber muy bien hacia donde ir. Decidimos ir en dirección a Nantes ya que me habían hablado muy bien de ella y el rodeo que había que hacer para llegar a París era de menos de 100 Km. Salimos de Burdeos con unos 25ºC, gafas de sol puestas y con las ventanillas bajadas hasta que nos aburrimos. Paramos a comer en un área de descanso francesa muy bien montada, con un par de cafeterías, unas máquinas expendedoras y una tienda de productos regionales muy bien surtida. Después de parar allí decidimos que nos apetecía ver costa y Nantes no tiene así que nos desviamos de la ruta y nos dirigimos, siguiendo la guía, a Pornic, en la costa de la region del Loira

Llegamos al pueblo y lo atravesamos para buscar donde aparcar y finalmente lo hicimos al lado de un pequeño castillo amurallado que protege la parte interior del puerto. A día de hoy Pornic parece un pueblo dedicado al turismo y la pesca. Era lunes y allí había una cantidad decente de gente que había bajado a pasear por el paseo que bordea el castilllo y que termina, curiosamente, en una heladería de la que dimos buena cuenta. Seguimos bordeando el puerto, lleno como todos de restaurantes con terrazas que es de suponer en pleno verano estén llenos a rebosar. Nos pareció curioso un cartel que encontramos de un pescador que vendía cangrejos y que mostraba a que hora aproximada llegaría ese día para comprárselos. Nos fijamos también que la marea estaba bajísima y había un montón de barcos varados en el puerto. En esta zona de la costa de Francia las mareas tienen una diferencia entre pleamar y bajamar bastante acusada y es muy espectacular ver como cambian los paisajes de una a otra. Cuando nos cansamos de caminar por el pueblo decidimos ir a buscar alguna playa cercana para pasear y descansar un rato

Seguimos la carretera costera no sin contratiempos, ya que muchas direcciones estaban cambiadas y nos costó unas cuantas vueltas llegar a una playa. Al final conseguimos dar con una y dejamos el coche al lado de unas escaleras que bajaban a un pequeño paraíso de arena y rocas. La verdad es que con la marea alta lo más probable es que todo aquello desapareciera bajo las aguas, pero con la marea baja pudimos pasear por un paisaje que desde niño no veía. No lo digo tanto por como eran la disposicion de la playa (me recuerda a algunas de O Pindo en Galicia) si no por la vida que allí había. Hace tiempo que no paseo por una playa en la que puedes encontrar, en un simple paseo, ostras incrustadas en las rocas, minchas para parar un tren, lapas, anémonas... Nos quedamos un rato buscando conchas, paseando y haciendo fotos mientras dejábamos pasar el tiempo.

De allí nos fuimos a Nantes. ¡Que bonita es Nantes! Uno llega al centro de la ciudad tras pasar por enormes naves en el puerto fluvial (la ciudad está casi en la desembocadura del Loira y por ahí circulan mercancías) y por los suburbios de una ciudad cualquiera. Pero cuando se llega al centro uno de repente ve un montón de calles con edificios de aspecto parisino, en su mayor parte peatonales, con varias iglesias con altas torres góticas que apuntan bien alto al cielo y una preciosa (al menos por fuera que ya estaba cerrada) catedral. Lo mejor de todo es que esta belleza no es como en otras pequeñas ciudades que no es más que una pequeña muestra de la ciudad, un par de calles muy cuidadas para que los turistas las abarroten. En este caso esta parte bella de la ciudad es un espacio enorme lleno de tiendas, restaurantes y lo que es más importante, de vida. Llegamos a Nantes un Lunes y las terrazas a las 9 de la noche estaban abrrotadas de gente cenando y se veía muchísima vida en la calle. A esas horas muchas ciudades de Francia, un lunes, están prácticamente muertas. Nos dimos un buen paseo y volvimos al coche ya que le habíamos echado un ojo a un restaurante llamado Sushi Shop que nos tenía buena pinta y acertamos de pleno. Escogimos un buen surtido de sashimi y makis muy originales (os puedo asegurar que es de lo mejor al respecto que he comido nunca) y partimos con idea de parar a dormir en cualquier sitio unas horas antes de ir al aereopuerto. Cuando el sueño apretó paramos a dormir tres horitas en un área de descanso de la autopista (en Francia están super preparadas y suelen tener unos baños generalmente limpios y bien iluminados). El resto, el día siguiente!

lunes, 9 de mayo de 2011

Un viaje muy especial, on the road again (día 1)

De nuevo de viaje, aunque esta vez no es un viaje cualquiera, essta vez es un viaje distinto y especial. ¡Nuestra luna de miel! Marido y mujer, que raro suena... Todavía estamos acostumbrándonos a ello. Seguro que todavía durante un tiempo diremos aquello de "mi novio" o "mi novia" para referirnos al otro y luego sonreir y decir "mi marido" o "mi mujer". Realmente estamos ilusionados y emocionados y esperamos seguir así mucho, muchísimo tiempo.

Así que tras la boda de ayer y dormir cerca del restaurante (La paella de Roberto, ¡pedazo de banquete!) hoy salimos en coche camino de Burdeos. La idea original del viaje era ir a Japón saliendo de París, pero el terremoto nos cambió los planes. Así que al cambiar los billetes seguimos saliendo desde París pero con nuevo destino, los Estados Unidos. Este viaje promete ser una gran aventura, con días en Nueva York, juerga y sol en Las Vegas y doce días de carretera por la costa oeste americana.

Hoy simplemente ha sido un día de transición... Diez horas en la carretera, a 110 Km/h camino de Burdeos. Llegamos cansados tras la resaca de ayer, pero sanos y salvos. Mañana toca turisteo por Francia camino de París. No creo que podamos actualizar nada por la noche porque no creo que tengamos conexión, así que cuando podamos escribir es muy probable que ya estemos al otro lado del charco. Permaneced atentos, que la cosa promete ser divertida.