domingo, 28 de abril de 2024

Sydney - La vuelta

Que difícil es siempre escribir la entrada del último día, y es que es un día generalmente aburrido y un poco triste. Aunque he de decir que Cloe más de dos semanas fuera ya echa de menos su casa y sus cosas, porque al final sus vacaciones han sido ir de un lado para otro y ella está menos cansada mentalmente que nosotros, pero físicamente más agotada en su día a día.

Pero vamos, que hoy ha sido montar maletas, dejarlas en recepción, e ir a dar un paseo con, de nuevo, melancolía encima. Compramos algo más de granos de café cubiertos de chocolate y dijimos adiós a toda la zona de alrededor del hotel. Cogimos las maletas y el tren hasta el aeropuerto, donde hicimos el checkin y pasamos seguridad sin mayor problema. Comimos en el food court del aeropuerto, nada relevante que reseñar, antes de subirnos a otro maravilloso y gigante A380. Nos quedaban algo más de ocho horas por delante, pero he de decir que estamos tan acostumbrados que ya ocho horas parecen algo totalmente normal. 

El vuelo transcurrió sin más incidencias y nada más que dejar las cosas en casa y prepararnos para mañana volver a la ruitna.

lunes, 22 de abril de 2024

Sydney - Manly Beach y The Rocks

Otro día de sol maravilloso al levantarnos, con su agradable temperatura otoñal y su leve brisa. Nos levantamos y otro dia mas de desyuno a lo grande. Esta vez las tortitas tenian algodon de azucar y el bacon era una barbaridad. Menos mal que el resto del año vamos comiendo mas sano... Cuando nos dimos por desayunados salimos de camino hacia la zona de Town hall a dar otro paseo. Desde allí nos vamos hacia la catedral de St Mary, rodeada de jardines, un edificio francamente bonito de clara inspiración inglesa. Cuando nos cansamos de la zona, que en parte ya habíamos visitado antes, nos vamos al muelle de Circular Quay.



El objetivo primordial del día era ir a Manly Beach, por varios motivos. El primero es que es un bonito crucero por la bahía, ya que Manly está al extremo de esta y la playa de hecho ya está hacia mar abierto. Lo segundo es que como zona playera, Manly es muy popular, y queríamos disfrutar del ambiente. El trayecto en barco fue espectacular. Pocas bahías hemos visto en el mundo más bonitas que la de Sydney, con sus casas mirando al agua y, siendo sábado, el mar lleno de veleros. Una vez llegamos a Manly lo primero parar en un supermercado para coger algo de comer, y luego parar en alguna de las múltiples tiendas de ropa de surf. La playa está abarrotada por una mezcla de turistas y gente local, y me hace echar una lagrimita recordando cuando hacía bodyboard de adolescente. Uno a veces se siente mayor por estas cosas, debe hacer más de veinticinco años que no cojo una tabla.

En fin, melancolía aparte, paseamos por el paseo de la playa hacia Shelly beach, aunque a pesar de ser llamada así, no está permitido coger conchas. Entre Manly y Shelly hay una piscina natural que se llena cuando sube la marea y donde la gente se estaba bañando también. Vemos mucho terraceo y muy buen ambiente, y nos quedamos con ganas de más pero se acerca la hora de irse porque hemos quedado para cenar con dos amigos. 

Cogemos pues el barco de vuelta y nos vamos hacia The Rocks, que es la zona que está pegada a Circular Quay hacia el famoso puente de Sydney.  Allí nuestros amigos nos llevan a pasear y nos tomamos la primera cerveza y algo de comer en Lord Nelson, una cerveceria con más de cien años de historia especializada en cerveza inglesa. Cenamos después en Buddy´s Pizza, mientras escuchábamos música en directo en una terraza. Una pizza de canguro y otra de emu, muy local todo. Eran las nueve y nos quedaba ganas de jarana, pero estuvimos un rato buscando donde tomar la última pero era complicado con Cloe, ya que las leyes en Australia son algo estrictas. Acabamos tomándola en el bar del Angel Hotel, donde nos avisaron que a las diez teníamos que irnos, pero disfrutamos esos últimos minutos antes de despedirnos, ya que hoy era el último día.




Con pocas ganas de irnos y volver a la realidad, nos despedimos de nuestros amigos deseando volver a Australia más pronto que tarde

martes, 16 de abril de 2024

Sydney - El Zoo


Seguimos disfrutando de la ciudad y el buen tiempo. Bea se levantó esta mañana y se fue a desayunar con una compañera de trabajo de la oficina, mientras Cloe y yo desayunábamos en uno de los múltiples cafés que tenemos alrededor. Nos tomamos Cloe y yo unas tostadas en un café, disfrutando de la charla sobre la ciudad. Cuando Bea se despidió, después de un estupendo desayuno, la fuimos a buscar y nos fuimos hacia el Zoo. 

El Zoo de Sydney está pegado a la bahía, y se puede ir en bus o en ferry, y decidimos lo segundo. Siempre nos han gustado los barcos, así que no había duda. Por la bahía disfrutamos del sol y de la vista no sólo de la ópera, si no de los barcos del ejército australiano construidos en Ferrol que estaban atracados. Una vez llegados al zoo, nos pasamos todo el día por allí. Lo que más nos apetecía en general era ver bichos australianos, además de la fauna de la ciudad. En el Zoo puedes ver koalas, canguros, wallabys, capibaras, wonbats, decenas de pájaros y, como no, arañas y serpientes. De hecho las únicas que vimos en el país, con lo que los miedos de Cloe al respecto se disiparon. Al final entre unas cosas y otras nos pasamos el día en el zoo hasta que cerró. El zoo por cierto es bien grande, así que dedicadle el día.





Salimos de allí a eso de las cuatro y media de la tarde y cogimos el barco de vuelta. Cloe estaba bastante cansada así que fuimos al hotel a descansar cerca de una hora, antes de irnos a cenar con un amigo. Nos fuimos a pleno guirilandia, a los bares de al lado de la ópera. Pero, aunque esa zona es un poco sitio ultra turístico, es muy agradable estár tomando algo y cenando con la vista del puente a un lado y la ópera al otro, sintiendo la brisa del mar con una temperatura súper agradable.


Tras cenar, simplemente nos dimos un paseo hasta el hotel, parando un rato en una tienda de souvenirs.

Sydney - Toma de contacto

Vaya cambio de tercio. De estar en una caravana por la despoblada isla sur a dormir en un hotel en una gran ciudad. Hace ya tiempo que no vengo por Sydney, ya que antes mi trabajo me exigía venir aqui, pero lo echaba de menos y tenía la impresión de que les gustaría a las niñas. Es una ciudad que mezcla herencia de arquitectura inglesa que recuerda por momentos a Londres, con aquitectura moderna, con la bahía más espectacular que he visto en una ciudad en mi vida. Además de todo esto, tiene uno de los edificios más icónicos del mundo.

Asi que tras haber descansado anoche, nos vamos a desayunar. A Bea le encanta el estilo de como trabajan los camareros en Sydney y va a ser una constante. Como en todos lados hay gente que puede trabajar mejor o peor, pero el estilo es cercano y eficiente, muy profesional. Yo se lo achaco a que cobran relativamente una pasta y eso ayuda. En fin, que disertaciones aparte, desayunamos muy bien en el Brew café. Buena toma de contacto a los huevos escalfados y al café. 

Tras salir de desayunar, nos fuimos caminando cinco minutos hasta Circular Quay, la imagen que uno se espera de Sydney, con la ópera a un lado, un trasantlántico al otro, y barcos entrando y saliendo llevando a la gente por la bahía. Los barcos en la bahía no son algo solo para turistas, si no que es una parte más del sistema de transporte publico. Desde allí nos fuimos de paseo a la zona de Town Hall, para estar un rato de compras. Nada serio, un poco de chocolate y unos cuantos legos. Cuando estuvimos en Disneyland en California, nos quedamos con ganas de imprimir una minifugura de Lego, pero allí nos dijeron que no se podía porque requería cita previa. Nos quedamos chafados. Aquí ni cita previa ni leches, así que Cloe se hizo su figura de Lego.

Comimos cerca en Betty Burgers, una cadena local, y mientras las niñas descansaban me fui a comprar un juego de rol a una de las pocas tiendas que quedan en Sydney. Como en muchos sitios, las tiendas físicas especializadas parece que mueren en el centro de las ciudades, la coña es ver como en San Francisco es lo opuesto, las tiendas especializadas sobreviven y todo lo demás muere. Vendrá esa ola a otros sitios también? Seguimos despues de comer deambulando por el centro, sin mucho rumbo. Decidimos parar a merendar en un café coreano, donde tomamos un poco de cafeína para recuperar fuerzas y un Bingsu, un postre de hielo con sirope y trozos de helado. 



Algo cansados ya, subimos a tomar una cerveza con los de la oficina de Sydney de nuestra empresa. No estaban todos, pero nos quedamos un rato con los que estaban antes de irnos a cenar con un amigo de aquí a un restaurante al que quería volver. El restaurante estaba a unos quince minutos andando y acabamos la noche allí, en el The Meat and Wine Co Barangaroo. Muy bueno el canguro, los beef short ribs y el solomillo. Esta fue mi primera cena en un sitio bueno en Sydney en 2018, cuando vine por trabajo, así que me apetecía volver. Celebramos así nuestra llegada a la ciudad y lo que nos estaba gustando.

viernes, 12 de abril de 2024

Nueva Zelanda isla sur - Fin de la caravana, comienzo de la ciudad

Hoy muy poco que contar. Nos levantamos, desayunamos, y nos pusimos a hacer maletas. Tocaba conducir dos horas y hacer tareas de mantenimiento de la caravana vaciando depósitos. Hoy devolvemos la caravana en Christchurch. Han sido unos muy buenos trece días de recorrer la isla sur, y nos quedamos con ganas de volver, sobre todo a Fiorland en el sur de la isla sur. Pero no penseis que este viaje acaba aquí.


Devolvimos la caravana en Wilderness, la compañía donde la alquilamos. Esta vez nos quedó un regusto un poco amargo. La caravana en general ha estado bien. Se manaja muy fácilmente, maniobra bien, el espacio que dan los sofás de detrás y lo cómodas de que eran las camas son un punto muy positivo. Lo malo es que tuvimos todo el viaje problemas con la recarga de la batería digamos de accesorios, y tuvimos que ir de camping más de lo que nos hubiera gustado. Esa nota amarga se la comentamos a la empresa a la vuelta, y a que durante el viaje intercambiamos mensajes pero nunca nos ofrecieron una solución que arreglara el problema. Como nota positiva, nos van a descontar el coste de un día de viaje.

Desde la empresa nos llevaron al aeropuerto, pero no os penséis que volvemos ya a Singapur, hemos decidido en este viaje hacer una escala intermedia de unos días en Sydney. Ya que las niñas nunca habían estado en Australia, y lo que le gusta ir de compras a Bea, decidimos que era buena idea acabar con unos días de ciudad y acortar un poco el viaje de vuelta, de diez horas a algo menos de ocho. El vuelo tanscurrió sin incidencias, curiosamente volando con Emirates, ya que cogimos un vuelo que luego continuará hacia Dubai. En el aeropuerto declaramos las cosas qque trajimos de Nueva Zelanda pero no tuvimos que enseñarlas ya que el oficial de control decidió que no teníamos pinta de amenza. 


Lo último fue coger un tren e ir a nuestro hotel muy cerca de la zona de la ópera. Teniamos planes de cenar por segunda vez, la del avión no llega a nada, pero Cloe estaba derrotada de todo así que nos quedamos en el hotel dándonos un baño y descansando para empezar mañana con muchas fuerzas.

jueves, 11 de abril de 2024

Nueva Zelanda isla sur - Lago Tekapo, mal tiempo y shit happens

Nos levantamos hoy con toda la calma del mundo. Tras muchos días con una suerte tremenda con el clima, hoy era bastante malo. No nos podemos quejar, vamos a la isla sur de Nueva Zelanda en otoño y solo nos ha llovido un poco en serio un día. Esta noche hizo mucho viento y lluvia, y la mañana amaneció igual. La lluvia iba y venía, pero el viento no paraba. Decidimos tomarlo con calma, desayunar viendo la lluvia e irnos. No era tanto la lluvia y el viento, tenemos equipo para soportarlo, como que no se veía el paisaje, el 50% superior de las montañas estaba cubierto de nubes, así que no tenía mucho sentido.

Decidimos coger carretera hacia el lago Tekapo, bonito nombre. Un poco más de una hora después aparcamos. El viento seguía arreciando a base de bien, pero no llovía y no hacía frío en cuanto te protegías del viento con la ropa adecuada. Comimos, que ya era hora de comer, en un restaurante con vistas al lago. Comida no tan abundante como estábamos acostumbrados en el pais, pero muy rica. Mis costillas de cerdo especialmente buenas, Bea tomó un plato de vieiras y Cloe unos calamares. 

Cuando terminamos Bea se fue a ojear un rato a las tres tiendas que hay en el pueblo y yo acompaño a Cloe al parque infantil. El parque la verdad estaba muy chulo, con una tirolina larguísima y buenos columpios, y Cloe estuvo disfrutanto mucho rato, a pesar del viento. Luego bajamos a explorar las rocas del lago y a hacer unas fotos bastante chulas de las nubes tan dramáticas que había. 

En la comida planeamos lo que hacer mañana, ques nuestro último día en Nueva Zelanda. El plan era conducir ahora dos horas y hacer noche cerca de unas piscinas de aguas termales para ir mañana por la mañana. Cogimos la caravana , salimos del pueblo y vemos un coche hacíendonos luces. Revisamos a ver si teníamos algo mal, como una ventana del techo abierta o algo, pero no nos dimos cuenta de nada. Un par de kilómetros más tarde lo averiguamos. Había una caravana de coches y lo que parecía un accidente a lo lejos. Pensamos que lo lógico sería esperar, malo sería que no despejasen en una hora o dos a lo sumo. La alernativa era una vuelta muy muy larga. Un rato más tarde se nos aproxima un policía y nos dice que en el accidente ha muerto un persona así que tienen que realizar una investigación exhaustiva y que les llevará al menos seis horas abrir el tráfico.



Así que nos quedamos sin aguas termales y nos tocó conducir cinco horas de rodeo por el paso de montaña más cercano. Para más inri, varios sitios de acapampada nos fallaron por estar muy llenos, por ser muy estrechos o por nos darnos confianza, así que nos llevó un rato acampar y terminamos aparcando a las diez de la noche. Un poco bajona el fin del día, pero no empaña el viaje. A veces estos iimprevistos pasan y en lugares como Nueva Zelanda las rutas alternativas son escasas.


miércoles, 10 de abril de 2024

Nueva Zelanda isla sur - Wanaka día dos y Mount Cook

Hoy nos levantamos pronto. Por un lado era el cumpleaños de Cloe, que cumplía 11 años, que mayor esta ya. Nos despertamos y Bea, que siempre ha sido más detallista que yo, le quería preparar una mini fiesta. Cuando se levantó, tenía un globo, una mini mini tarta comprada a escondidas con velas que Bea había traído de Singapur, y un par de pequeños regalos. La verdad es que Nueva Zeanda y sus pueblos no son el mejor sitio para buscar regalos para un niño, asi que algo buscaremos en la siguiente estapa del viaje. Ayer la estuvimos vacilando con que no había regalos, así que estaba aún con la duda.

Corriendo nos fuimos a coger un barco. Habíamos decidido ir a una isla en medio del lago Wanaka. Corrimos para llegar y cuando aun faltaban diez minutos para la hora de salida vemos como un barco que parece el nuestro se va. Tras hablar un par de veces con la persona a cargo de la empresa, el barco nos vino a buscar una hora más tarde. Por un lado fue un poco susto de que se chafara el plan, pero por otro lado, al resolverse satisfactoriamente, nos quedó buen cuerpo. Resulta que una persona con un nombre parecido al de Bea que había reservado para tres personas tambien para el día siguiente, pero fue hoy, con lo que el barco pensó que ya estaba todo el mundo y partió. 

El camino a la isla fue un poco movido, pero divertido. Hacía bastante viento y el lago tenía en algunas zonas unas holas ya chulas. En la isla hicimos una pequeña ruta de senderismo, parándonos bastante a observar pájaros que están protegidos y apenas hay en otros sitios de Nueva Zelanda. La mayor coña de la isla es que es que hay un lago en la cima, y ese lago tiene una isla, con lo que es una isla en un lago en una isla en un lago en una isla en el mar, no digáis que no da para reirse un rato.




Comimos a la vuelta del barco, a la una, en el mismo bar al que fuimos hace seis años y la misma noche que volvimos. Que ganas tenía de unas chuletas de ciervo. Bea se tomó un sandwich de bacon y pollo y Cloe, que no tenía hambre decia, pan de ajo y la mitad del sandwich de Bea. Cogimos unos donuts también para el camino hacia el monte Cook. 


No llovía pero hacía bastante viento, aún así la caravana iba bastante bien aún con viento fuerte. Es sencilla de maniobrar y el efecto vela es muy controlale. Conducimos dos horas hasta la base de la montaña, pasando por todo el valle y el lago que preceden al monte. Es una vista majestuosa y a Bea le recordaba en su forma a Death Valley, a mi no tanto. Tras aparcar nos hicimos un sendero para ver el glaciar Tasman y un par de lagos, llamados Blue lakes, pero que ahora son green lakes debido al calentamiento global. 



Se hacía de noche ya así que nos movimos a la zona de acampada en la base del monte Cook. Aparcamos ya de noche y pagamos. En las zonas de acampada del departamento de conservación hay que colaborar con su mantenimiento. Llegas, coges de una caja una bolsa zip con un formulario, lo cubres, metes el dinero dentro con el formulario y lo depositas en un buzón. Cenamos ya de noche cerrada y luego jugamos a dos juegos de mesa (el Palacio De Jawa y el Rummi) riendonos un montón antes de irnos a dormir.

lunes, 8 de abril de 2024

Nueva Zelanda isla sur - Wanaka

Creo que nos hemos enamorado un poco de Wanaka, sobre todo las niñas. El sitio ahora mismo es idílico, con sus riveras otoñales, su cielo azul saturado de día y estrellado de noche, su lago, sus barcos, sus bares y restaurantes que nos van a hacer engordar diez kilos. Y así pues, decidimos quedarnos hoy de nuevo en Wanaka. Lo primero del día, ir a la oficina del camping para ver si podíamos extender otra noche. Tras el trámite, decidir que hacer hoy. Miramos algún tour, algun sendero, y al final... pasamos de todo. El día  iba a ser de puro relax. 

Así que bajamos la caravana al pueblo, literalmente 2km más abajo, pero por la noche con el frío que hace preferimos ahorraronos esos 20 minutos. Porque sí, durante el día al sol se está de vicio. Serán dieciocho grados, pero la sensación al sol es superior. Aparcamos en el lago y a Cloe le apeteció meterse en el agua. La verdad es que al estar en otoño, el agua del lago en la orilla no está nada fría. Así que aunque no me apetecía mucho me metí en el agua con Cloe. Y vaya, parece que fue una decisión fantástica. Estuvimos en el agua más de una hora. No cubría apenas en la orilla, pero lo suficiente para jugar a lanzar piedras y salpicarnos. Y la ducha caliente aparcada a 15 metros, no se puede pedir más.

Tras la ducha comimos en la caravana unas fajitas calientes de fiambre y queso, que ya estábamos muertos de hambre. Seguimos el día yendo a por el postre a la heladería del pueblo, donde hice la guarrada de meterle un donut al helado, va a tocar dieta seria a la vuelta. Mientras comíanos el helado, dejé la cámara en la tienda de al lado a limpiarle el sensor, que me di cuenta esta mañana que tenía una cantidad seria de polvo. Dimos una vueta, recogí la cámara como nueva, y seguimos paseando por las tiendas un rato. Para acabar la tarde, fuimos al parque del paseo, que le encanta a Cloe. Tiene todo lo que le gusta, un columpio chulo y una pirámide de cuerdas para escalar. 




Ya para rematar el día, la cena. Cenamos en otro pub, un Sunday Roast, unas salchichas con puré de patatas y unos Scottish eggs con pan de ajo. Y con eso solo nos quedaba un paseo hasta la caravana para acabar el día echando una partida al Rumi que nos hemos comprado hoy.



domingo, 7 de abril de 2024

Nueva Zelanda isla sur - Diamond Lake, Isengard, Glenorchy y Wanaka

Parte de este viaje es una cura de sueño. Al final hemos venido a descansar y a pasarlo bien. Ayer por la noche estuvimos jugando al Rumikub hasta las tantas. Al principio los tres y luego solo las niñas cuando me fui a hacer fotos una hora fuera. Así que hoy por la mañana, alejados de todo ruido excepto los pájaros, en el sitio donde acampamos que es poco más que una explanada junto a un lago, no pusimos el despertador. Hacía tiempo que no dormíamos tan bien. Por un lado la temperatura es perfecta, pero por otro lado es la falta de ruido. Aunque parezca que uno se acostumbra al ruido, no es del todo cierto. Y aún en Ferrol o Coruña, siempre hay algo de ruído. Ya sea el vecino, el coche que pasa, el perro, las conversaciones animadas en la calle... Siempre hay algo. En Nueva Zelanda, en los sitos donde estamos, ese ruido es casi cero, y eso también ayuda a la relajación. Incluso en los campings la gente es muy respetuosa y después de las 9 el ruído es cercano a cero, quizás simplemente una puerta cerrándose.


En fín, que me desvío mucho del tema. Hoy como os comentaba, cura de sueño, nos despertamos a las diez y media. Y entre charlas, conversaciones de mañana y el desayuno, nos dieron las doce. Así que mientras yo buscaba donde dormir, las niñas se fueron a explorar Diamond Lake. El lago muy bonito, pero la zona cercana a la orilla era pantanosa así que llegaron un tanto mojadas las botas, pero contentas. El bosque al lado de nuestrro campamento fue el que usaron para rodar Lothlorien en el Señor de los Anillos. Nos quedamos en un extremo del bosque sólo porque para llegar a verlo entero, necesitábamos cruzar varios vados y con la caravana no era muy buena idea. 


Salimos de allí hacia el río Dart, concretamete hacia el mirador de Isengard, donde poder ver el valle donde el CGI hizo la magia para poner esa localización de las peliculas. Ahí sí pasamos un rato largo, ya que el río corría en varios hilos sobre el fondo de cantos rodados. Esto en primavera tiene que ser una locura de agua, pero en otoño el espectáculo era distinto. Sobre esos hilos de vez en cuando corrían lanchas a toda velocidad. Yo estuve una hora volando el dron río arriba, río abajo. Las niñas estuvieron con los pies a remojo en el agua glacial, saltando priedras piedras y buscando tesoros. Una sensación de relax total era la que teníamos, con un tiempo otra vez fantástico. 

Salimos de del río con intencion de ir a dormir a Wanaka, otro pueblo precioso frente a un lago. Antes de nada paramos en Glenorchy, ya que la gente recomendaba la tienda de comestibles del pueblo. Y vaya si estaba bien, no solo por los alimentos que acaparamos si no porque la gente era majísima. Nos empatamos a hablar con la señora de la tienda y nos contó que pertenecía a un comité que se encargaba de velar de que no hubiera polución nocturna. Nos contó que allí había auroras Australis, que eran diferentes de las Borealis pero muy bonitas también. Cuando nos las describió caí en la cuenta y le enseñé una de mis fotos de ayer, ya  que había un reflejo en el cielo que no entendía. Y hete aquí que lo que capturó mi cámara anoche fue precisamente una aurora Australis. Misterio resuelto.




Desde allí a Wanaka ya por fin, con alguna parada en miradores para admirar el paisaje otoñal. La carretera que escogimos a Wanaka va por en medio de la montaña, y no puede ser más bonita. Dejé a las niñas en el lago, hice el check in en el camping y bajé a cenar con ellas. Tras alguna duda decidimos cenar en el mismo bar en el que comimos hace seis años, el Lake Bar. Y aunque tardaron en servir la comida, lo que vino fue espectacular. Las short ribs guisadas a la perfección, las chuletillas de ciervo y el pescado estaba espectaculares. Cenamos muy felices y de ahí ya decidimos subir al camping pensando si quedarnos otro día más aquí.